La crisis por la entrada masiva en Ceuta ya tiene su primera dimisión. Gonzalo Sanz, jefe de Gabinete de la Delegación del Gobierno en la ciudad autónoma, ha presentado su renuncia después de quedar en el centro de la polémica por las comunicaciones mantenidas con el Centro Nacional de Inteligencia horas antes del desbordamiento de la frontera.
Sanz era el alto cargo de la Delegación que recibió el 29 de julio el mensaje en el que el CNI advertía de un llamamiento para un «asalto por valla y mar» al día siguiente. Además, esa misma jornada mantuvo una conversación telefónica de alrededor de once minutos con Inteligencia.
La desclasificación de los documentos colocó directamente el foco sobre el jefe de Gabinete después de que el delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez Triano, asegurara que no tuvo conocimiento de aquellas comunicaciones y que Sanz no le trasladó ninguna alerta.
La dimisión llega en plena tormenta política por la gestión de la crisis y abre ahora una nueva pregunta sobre hasta dónde alcanzarán las responsabilidades.
Sanz se convierte así en la primera cabeza que cae después de semanas de explicaciones, versiones enfrentadas y documentos que acreditan que existieron comunicaciones previas sobre movimientos para intentar acceder a territorio español.
La presión se traslada ahora al delegado del Gobierno y al Ministerio del Interior. La crisis de Ceuta deja de tener únicamente consecuencias políticas y empieza a cobrarse responsabilidades dentro de la propia estructura del Estado.
