Pedro Sánchez ha marcado este jueves una línea roja en las relaciones con Marruecos tras la grave crisis migratoria vivida en Ceuta. Durante su comparecencia ante el Congreso de los Diputados, el presidente del Gobierno aseguró que España responderá con «total contundencia» si las investigaciones terminan demostrando que Rabat estuvo detrás de la entrada masiva registrada a finales de julio.
Sánchez sostiene que, hasta ahora, ningún organismo nacional o internacional ha aportado al Ejecutivo «pruebas sólidas» que permitan concluir que las autoridades marroquíes diseñaron o ejecutaron deliberadamente lo sucedido. Sin embargo, confirmó que todas las unidades competentes del Estado continúan investigando y ordenó publicar un dosier con los informes disponibles para que puedan ser examinados públicamente.
El presidente defendió que cualquier decisión contra Marruecos debe sustentarse en hechos «probados y contrastados», aunque reconoció que, después de lo ocurrido, la cooperación entre ambos países «tiene que ser diferente».
La crisis ha abierto así un nuevo escenario en las relaciones entre Madrid y Rabat. Sánchez intenta mantener la prudencia diplomática mientras deja abierta por primera vez una respuesta mucho más severa si aparecen evidencias concluyentes de una actuación deliberada de Marruecos.
El jefe del Ejecutivo también reafirmó que España «no renunciará jamás» a la soberanía sobre Ceuta y Melilla y anunció su intención de reforzar la presencia europea en ambas ciudades. El mensaje que deja ahora Moncloa es claro: mientras no existan pruebas concluyentes mantendrá la cautela, pero si aparecen, la posición española cambiará y habrá una respuesta contundente.
