La guerra entre Rusia y Ucrania ha vuelto a entrar en una fase de máxima intensidad. Ucrania lanzó durante la madrugada de este miércoles uno de los mayores ataques de largo alcance desde el inicio del conflicto, utilizando más de 350 drones contra distintas regiones rusas, incluidas Moscú, San Petersburgo y la región de Leningrado. Según las autoridades rusas, varios objetivos estratégicos e infraestructuras críticas resultaron alcanzados y se registraron heridos, aunque sin víctimas mortales en San Petersburgo.
El ataque coincide con la inauguración del Foro Económico Internacional de San Petersburgo, uno de los principales escaparates políticos y empresariales del Kremlin, lo que ha supuesto un importante desafío para la imagen de seguridad proyectada por Moscú. Entre los objetivos alcanzados figuran instalaciones energéticas, una terminal petrolera y puntos vinculados al aparato militar ruso.
La ofensiva ucraniana llega apenas un día después de que Rusia lanzara uno de los mayores bombardeos de los últimos meses sobre territorio ucraniano, con decenas de misiles y cientos de drones que dejaron más de una veintena de fallecidos y numerosos daños en Kiev y otras ciudades.
La escalada vuelve a evidenciar que, más de cuatro años después del inicio de la invasión, la guerra sigue lejos de una solución negociada y mantiene en alerta a Europa y a la OTAN.
La guerra llega a más de 1.000 kilómetros del frente
Las autoridades ucranianas aseguran que algunos de los drones utilizados recorrieron más de 1.000 kilómetros para impactar en infraestructuras energéticas y militares situadas en la retaguardia rusa. El ataque alcanzó zonas próximas a San Petersburgo, una ciudad considerada clave para la economía y la proyección internacional del Kremlin.
La operación refuerza la estrategia de Kiev de llevar la guerra al interior de Rusia para presionar a Moscú y demostrar que ninguna infraestructura estratégica está completamente a salvo.