Un discurso de balance para lanzar una larga campaña electoral

Fernando Clavijo se ajustó al guion de cualquier discurso de un Debate de la Nacionalidad pronunciado en año preelectoral. Por tanto, este es el penúltimo debate de política general de la presente legislatura, una evidencia que ya marca las tareas de cada cual en lo que se presume como una larga (quizá incluso larguísima) carrera hacia las urnas autonómicas y locales dentro de 14 meses. El presidente canario tiró de hoja de servicios para exponer la ejecutoria de su Gobierno en los primeros tres años de mandato, con un repaso que, aunque en un alarde de optimismo definió como “breve”, pasó revista con cierta prolijidad a la tarea del Ejecutivo en materia económica y social. Por cierto, el líder nacionalista quiso exhibir la cohesión de su equipo con la reiteración de las expresiones “compañero” y “compañera” al precisar la labor de los miembros del actual Gobierno de Canarias. Desde luego, no es la salud del pacto CC-PP el punto más débil del Ejecutivo canario, aunque eso es algo que se daba por sentado desde el primer día de esta legislatura.

Acto seguido, Clavijo incidió en el planteamiento, citado al comienzo del discurso, de cuatro grandes pactos con los que afrontar el tramo final de la legislatura, a saber: financiación autonómica, condonación de la deuda, marco financiero de la Unión Europea a partir de 2028 (el expediente más fácil de pactar y quizá el más relevante) y, sobre todo, ese ingenioso artefacto político llamado Decreto Canarias, que enlaza los compromisos incumplidos de la agenda canaria en el Estado con nuevas aportaciones que centrarán buena parte de la contienda dialéctica entre CC y PSOE en los meses que restan hasta las elecciones. En este asunto ofreció el presidente canario una asociación de ideas ciertamente original, aunque también algo forzada, al vincular la necesidad del decreto (un documento que es defendible en sí mismo, porque no hay Presupuestos Generales del Estado que puedan hacer viable la agenda canaria) con la turbulencia producida por la guerra de Trump y Netanyahu contra la República Islámica de Irán. Fue, por cierto, una de las dos grandes referencias de Clavijo al conflicto en Oriente Medio, pues abrió su pieza oratoria con su propia versión del “no a la guerra”, en este caso con un añadido sobre “lo mucho que sabemos en Canarias sobre lo que son las guerras”, si bien la realidad histórica nos dice que también en la distinción entre la guerra y la paz podemos considerar a este rincón insular del Atlántico como un lugar afortunado.

Sea como fuere, la parte nuclear del discurso del presidente canario, que duró 90 minutos en total, se centró en una potente defensa del trabajo de su Gobierno, marcando el territorio para su debate posterior con los grupos políticos de la oposición. Poniendo una vela al autobombo y otra a la autoexigencia, tal y como dice el manual, un Fernando Clavijo suelto y sin papeles en el estrado se exprimió en un repaso sobre los logros del Ejecutivo, incidiendo, en materia económica, en las tareas cumplidas en el turismo (es donde más intervención reformista se aprecia durante la presente legislatura) y en un cierto enfoque proteccionista para abordar los nubarrones del presente, con una defensa inequívoca del AIEM. En el plano social, Clavijo subrayó los datos positivos en sanidad y política social, mientras que en el caso de la vivienda pidió algo más de tiempo y apeló a las medidas ya tomadas por el Ejecutivo en varias materias (urbanísticas y fiscales, pero también apelando a la aún hipotética limitación de la compra de inmuebles por ciudadanos foráneos), pues no se trata de un escenario en el que sea posible obtener resultados a corto plazo. Y menos aún, subrayó, cuando la población residente crece cada año en 20.000 personas (o sea, el 1% anual), obviando en este caso que el crecimiento demográfico viene siempre de la mano del crecimiento económico, y en estos años toca bonanza con todas sus consecuencias. Pero es cierto que no importa tanto el crecimiento como la convergencia, apartado al que Clavijo dio relevancia en el discurso y un expediente en el que las Islas recuperan algo de terreno respecto a la media española.

El presidente canario lanzó mensajes de unidad, ciertamente, con la intención tan obvia como legítima de situarse en el centro del escenario en la contienda electoral que está por venir, y que se verá definida por el juicio de los canarios a la tarea del actual Gobierno bipartito con apoyos gomeros y herreños. Fernando Clavijo no aspira a la canonización (en todo caso, y por sus preferencias cinéfilas, preferiría ser un caballero Jedi), pero se vino un poco arriba al afirmar que el Papa León XIV vendrá a Canarias este año no sólo para poner en el foco la tragedia migratoria, sino también para agradecer a los canarios su respuesta solidaria ante este hecho. Dios bendiga a los apóstoles del marketing político, que son capaces de convertir cualquier acontecimiento en material útil. Queda oficialmente inaugurada la precampaña electoral. Podéis ir en paz.