Una vez el barco ha zarpado de Canarias y los pasajeros han comenzado a llegar a sus países… les contamos qué es realmente el hantavirus y cómo actúa

Vista general este 4 de mayo del crucero holandés MV Hondius (atrás), anclado frente a la costa de la ciudad de Praia, en la isla de Santiago (Cabo Verde). En esta embarcación se ha detectado un posible brote de hantavirus. EFE/Elton Monteiro

Pasada la tensión informativa de los últimos días y con el crucero Hondius ya fuera de Canarias mientras los pasajeros regresan progresivamente a sus países de origen, llega el momento de entender con calma qué es realmente el hantavirus, cómo se transmite y por qué los expertos insisten en evitar tanto el alarmismo como la desinformación.

El hantavirus no es un virus nuevo. La comunidad científica lleva décadas estudiándolo en distintos puntos del mundo y existen protocolos internacionales muy definidos para actuar ante posibles casos o exposiciones. Se trata de una familia de virus que vive principalmente en determinados roedores silvestres, considerados los principales reservorios naturales de la enfermedad.

El contagio a humanos suele producirse por contacto indirecto con restos contaminados de estos animales, especialmente al inhalar partículas procedentes de orina, saliva o heces secas. Por ello, los entornos de mayor riesgo suelen ser espacios cerrados, poco ventilados, almacenes rurales, cabañas o zonas donde haya presencia de roedores.

Los especialistas recuerdan que no se trata de un virus de transmisión masiva entre personas como ocurrió con la COVID-19. De hecho, la transmisión interpersonal es extremadamente rara y solo se ha documentado en algunas cepas muy concretas, especialmente en determinadas zonas de Sudamérica. Por eso, los protocolos sanitarios se centran sobre todo en el aislamiento preventivo, el seguimiento médico y el control ambiental.

Las cepas más conocidas y vigiladas se localizan principalmente en América. En países como Argentina y Chile se han registrado algunos de los brotes más importantes asociados al denominado “virus Andes”. También existen variantes en Norteamérica, Europa y Asia, aunque con comportamientos epidemiológicos diferentes.

Los síntomas iniciales pueden confundirse fácilmente con una gripe fuerte: fiebre elevada, dolores musculares intensos, fatiga, dolor de cabeza, náuseas o molestias abdominales. En determinados pacientes, la enfermedad puede evolucionar hacia complicaciones respiratorias severas, provocando dificultad para respirar y afectación pulmonar que requiere hospitalización e incluso cuidados intensivos.

No existe actualmente una vacuna generalizada contra el hantavirus, pero sí tratamientos de soporte médico eficaces cuando la detección es temprana. El control respiratorio, la hidratación, la monitorización clínica y la atención hospitalaria especializada son fundamentales para mejorar la evolución de los casos graves.

Los expertos insisten en que la clave sigue siendo la prevención y la actuación rápida. Por eso, una vez el barco ha abandonado Canarias y los pasajeros han llegado ya a distintos países, ahora se activan los protocolos habituales de seguimiento sanitario internacional, vigilancia médica y comunicación entre autoridades de salud pública.

Con menos ruido mediático y más información científica, los especialistas recalcan que el conocimiento, la prevención y los protocolos son las mejores herramientas para afrontar situaciones de este tipo sin caer en el miedo innecesario.