La movilidad eléctrica avanza sobre el papel, pero la realidad en Canarias sigue muy lejos de las expectativas. Uno de cada tres puntos de recarga públicos del Archipiélago permanece fuera de servicio, una situación que convierte cualquier desplazamiento en coche eléctrico en un ejercicio de planificación e incertidumbre para miles de conductores.
Las Islas cuentan actualmente con cerca de 2.300 puntos de recarga, una cifra que ha crecido de forma notable en los últimos meses gracias a la incorporación de más de 800 nuevas instalaciones. Sin embargo, alrededor del 31% de esos cargadores no está operativo por averías, problemas de conexión eléctrica, retrasos administrativos o falta de mantenimiento.
La consecuencia es evidente. Quien apuesta por un vehículo eléctrico no solo debe calcular la autonomía, sino también cruzar los dedos para encontrar un punto de recarga que realmente funcione. Una realidad que genera desconfianza entre los usuarios y que sigue siendo uno de los principales frenos para quienes se plantean abandonar el motor de combustión.
El problema adquiere aún mayor relevancia en un territorio fragmentado como Canarias, donde la movilidad depende de una red de infraestructuras fiable. Si un cargador está averiado, las alternativas pueden encontrarse a varios kilómetros, alterando rutas, tiempos de viaje e incluso obligando a modificar desplazamientos previstos.
El sector reclama agilizar la puesta en funcionamiento de las instalaciones ya ejecutadas, mejorar el mantenimiento y reducir la burocracia que mantiene cientos de puntos inutilizados. Mientras Europa acelera hacia la descarbonización y fija objetivos para 2030, Canarias continúa arrastrando una asignatura pendiente: ofrecer una red de recarga que inspire confianza.
Porque el verdadero problema ya no es comprar un coche eléctrico. El reto comienza cuando llega el momento de enchufarlo y recorrer las carreteras del Archipiélago con la tranquilidad de saber que el siguiente cargador estará operativo. Hoy, esa garantía sigue estando lejos de convertirse en una realidad.