Estados Unidos elevó este miércoles la presión política sobre Cuba con un duro mensaje del secretario de Estado, Marco Rubio, quien ofreció una “nueva relación” entre Washington y La Habana, aunque condicionada a profundas reformas políticas y económicas en la isla. El dirigente estadounidense reclamó elecciones libres, apertura democrática y el fin del control militar sobre buena parte de la economía cubana.
El discurso, difundido en español y coincidiendo con el Día de la Independencia de Cuba, supone uno de los movimientos diplomáticos más contundentes de la Administración Trump hacia el régimen cubano en los últimos años. Rubio responsabilizó directamente al Gobierno de la crisis energética, la falta de alimentos y el deterioro económico que atraviesa la población.
Además, Washington anunció la posibilidad de destinar hasta 100 millones de dólares en ayuda humanitaria para alimentos y medicamentos, aunque dejó claro que esos fondos no serán gestionados por estructuras vinculadas al régimen cubano, sino por organizaciones independientes y entidades humanitarias.
La ofensiva política llega también en un momento especialmente sensible después de que trascendiera que Estados Unidos prepara cargos contra el expresidente Raúl Castro por el derribo en 1996 de dos avionetas de Hermanos al Rescate, un episodio que causó cuatro muertos y que vuelve ahora al centro de la tensión diplomática entre ambos países.