‘18 de julio: frente a la nostalgia, memoria’, por Kiko Barroso

Foto: Xavi Soliveres/L'atelier de la foto.

Hay fechas que no deberían servir para alimentar la nostalgia, sino para fortalecer la memoria.

No, con Franco no se vivía mejor. Se vivía con miedo. Se vivía sin libertad para pensar, para amar, para discrepar o para ser diferente. Se vivía con censura, con represión y con derechos que hoy damos por hechos, pero que costaron demasiado conseguir.

La historia no está para reinventarla ni para maquillarla. Está para conocerla y aprender de ella. Porque cuando se blanquea una dictadura, se falta al respeto a quienes la sufrieron.

Y no hace falta ir muy lejos para recordarlo. En Canarias tenemos un lugar que debería formar parte de nuestra memoria colectiva: Tefía, en Fuerteventura. Allí fueron encerradas personas cuyo único “delito” era ser diferentes. Humilladas, perseguidas y castigadas por no encajar en la moral impuesta por el régimen.

La democracia no es perfecta. Claro que no. Pero nos permite decirlo en voz alta, votar, discrepar, exigir, amar en libertad y seguir construyendo una sociedad más justa.

Por eso, cada 18 de julio conviene recordar una verdad sencilla: nunca se vivió mejor sin libertad. Y un país que olvida su historia corre el riesgo de repetirla.

Yo nací en 1966. No viví la dictadura con la conciencia de un adulto, ni sufrí en primera persona muchas de las injusticias que marcaron aquellos años. Pero eso no me impide reconocer el dolor de quienes sí las padecieron.

Porque el sufrimiento no deja de ser real por no haberlo vivido en primera persona. El dolor ajeno también es mi dolor. Y la memoria de quienes fueron perseguidos, silenciados o encarcelados merece ser defendida con la misma convicción con la que defendemos hoy la libertad.

Kiko Barroso