Caravanas hasta donde alcanza la vista: el Sur se planta y colapsa la TF-1

Tenerife volvió a vivir una imagen ya demasiado habitual, pero esta vez con mensaje: cientos de autocaravanas tomaron la autopista del Sur en una protesta organizada para denunciar lo que consideran un trato discriminatorio y la falta de infraestructuras adaptadas a su realidad. La movilización, que partió desde San Miguel de Abona en dirección a Santa Cruz, llegó a reunir a cerca de 500 vehículos vivienda, convirtiendo la TF-1 en una larga fila blanca sobre el asfalto.

El objetivo del colectivo no era otro que visibilizar una situación que arrastran desde hace años: limitaciones para estacionar, ausencia de puntos habilitados para el vaciado de depósitos y una normativa que, aseguran, les deja en tierra de nadie. “No se trata de molestar, sino de que se nos escuche”, trasladan desde la organización, que insistió en el carácter pacífico y coordinado de la marcha.

La protesta, sin embargo, tuvo un impacto evidente en la movilidad. La TF-1, ya tensionada de forma estructural, volvió a evidenciar sus costuras. No es un problema puntual: por esta vía circulan a diario decenas de miles de vehículos y los atascos forman parte del paisaje cotidiano, con tramos donde la congestión es prácticamente permanente.

En este contexto, la movilización de los autocaravanistas actúa como síntoma y detonante. Síntoma de una isla saturada en infraestructuras y planificación, y detonante de un debate que va más allá del propio colectivo: el modelo de movilidad en Tenerife y la convivencia entre residentes, turistas y nuevas formas de viajar.

El sector insiste en que no pide privilegios, sino regulación y espacios adecuados. Recuerdan que en Canarias existen miles de vehículos de este tipo y que su presencia forma parte de una tendencia turística al alza, vinculada a la sostenibilidad y la libertad de movimiento.

Mientras tanto, la imagen de la autopista convertida en una serpiente de caravanas deja una lectura clara: el conflicto está en la calle —y en la carretera— y exige respuesta. Porque cuando la protesta se mide en kilómetros, el problema ya no cabe en un aparcamiento.