Nos encontramos a punto de arrancar el mes de mayo de 2026 bajo un entorno económico que merece una lectura pausada, ya que confluyen varios factores que están marcando el pulso de familias, empresas y administraciones.
En primer lugar, destaca la evolución del precio del petróleo, que se sitúa en torno a los 114 dólares por barril. Este encarecimiento tiene un efecto directo sobre los costes de transporte y producción, algo especialmente relevante en un territorio insular como Canarias, donde la dependencia del transporte marítimo y aéreo es elevada. Esto implica que el aumento de los costes energéticos puede tener un impacto más intenso sobre los precios finales que en territorios peninsulares.
En paralelo, observamos un cambio relevante en el mercado laboral. En el conjunto de España, el desempleo ha mostrado un repunte tras varios años de mejora. Sin embargo, en Canarias la tendencia se mantiene más estable, apoyada en gran medida por la fortaleza del sector turístico, que actúa como motor económico del archipiélago.
Todo esto ocurre en un momento especialmente sensible para la política monetaria. Instituciones como el Banco Central Europeo y la Reserva Federal se enfrentan a una decisión compleja: mantener los tipos de interés elevados para contener la inflación o empezar a flexibilizarlos para no frenar en exceso la actividad económica.
Y precisamente el consumo cobra especial protagonismo en estas fechas. Con la llegada del verano, se incrementa el gasto de los hogares, especialmente en ocio, viajes y restauración. En el caso de Canarias, este factor es doblemente relevante, ya que no solo influye en el consumo interno, sino también en la llegada de turistas, que dinamizan sectores clave como la hostelería, el comercio y el transporte.
Además, conviene añadir un elemento singular del archipiélago: nuestro régimen fiscal diferenciado. El sistema del IGIC, en lugar del IVA, ofrece en general una menor carga impositiva indirecta. Sin embargo, este diferencial puede verse parcialmente compensado por el encarecimiento de los costes logísticos y energéticos, lo que limita en cierta medida la ventaja en precios para el consumidor final.
El resultado es un entorno en el que el poder adquisitivo sigue siendo una de las principales preocupaciones, ya que si los precios crecen más rápido que los ingresos, se produce una pérdida de capacidad de compra que afecta directamente al bienestar de las familias, algo que en territorios insulares puede percibirse con mayor intensidad.
A esto, se suma la campaña de la declaración de la renta, un momento clave en el calendario económico de los ciudadanos. Para muchos hogares, este proceso supone un ajuste en sus cuentas, bien sea por devoluciones que aportan liquidez o por pagos que obligan a una mayor planificación financiera.
En conjunto, estamos ante un escenario de transición, donde conviven señales de dinamismo —como el turismo en Canarias— con retos importantes, como la inflación, el coste de la energía y la evolución del empleo. La clave en los próximos meses estará en cómo se gestionen estos factores y en la capacidad de adaptación tanto de las políticas económicas como de los propios agentes económicos.
Seguiremos atentos a estos indicadores para entender hacia dónde se dirige la economía en esta segunda parte del año.
Jordi Bercedo, economista y director técnico del Foro Económico y Social