La celebración contemporánea del Día de la Madre tiene su origen en 1926 en España, cuando comenzó a institucionalizarse una jornada dedicada a reconocer el papel de las madres. Hoy, la fecha es un fenómeno social, emocional… y también económico.
El Día de la Madre, tal y como lo conocemos hoy, tiene raíces relativamente recientes. En España, su celebración moderna comienza a tomar forma en 1926, impulsada por iniciativas sociales y religiosas que buscaban dedicar una jornada específica a la figura materna. Durante años, la fecha estuvo vinculada al calendario litúrgico, celebrándose el 8 de diciembre, coincidiendo con la Inmaculada Concepción.
No fue hasta 1965 cuando se fijó definitivamente en el primer domingo de mayo, alineándose con otros países y adaptándose a un contexto más social y comercial. Desde entonces, la celebración ha evolucionado hasta convertirse en una de las fechas más señaladas del calendario familiar.
A nivel internacional, el origen más reconocido se sitúa en Estados Unidos, donde Anna Jarvis promovió en 1908 el primer Día de la Madre moderno en honor a su propia madre. La iniciativa tuvo tanto éxito que en 1914 el presidente Woodrow Wilson lo declaró festividad nacional.
Hoy, el Día de la Madre es una jornada de reconocimiento emocional, pero también un motor económico. Comercio, restauración y ocio registran picos de actividad en una fecha marcada por los regalos, las reuniones familiares y los mensajes de cariño.
Entre historia, tradición y negocio, el Día de la Madre mantiene intacto su significado esencial: reconocer el papel insustituible de quienes han sido, son y seguirán siendo el pilar de millones de hogares.