La artista colombiana desata la locura en Río de Janeiro con un concierto gratuito que rompe récords de asistencia y genera un impacto millonario, mientras crece el debate sobre su caché.
Shakira volvió a demostrar su tirón global con un concierto histórico en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, donde logró reunir a más de 2 millones de personas en un espectáculo sin precedentes. El evento, enmarcado en su gira Las mujeres ya no lloran, convirtió durante horas a la ciudad brasileña en el epicentro mundial del pop.
El despliegue técnico fue de gran formato: un escenario de dimensiones gigantes, coreografías, efectos visuales y una puesta en escena pensada para un público masivo que respondió llenando la playa hasta el último metro. Clásicos como Hips Don’t Lie, Waka Waka o La Tortura sonaron ante una multitud que coreó cada canción.
Más allá de lo musical, el evento deja cifras contundentes. Las estimaciones apuntan a un impacto económico cercano a los 140 millones de euros, impulsando hoteles, restauración y comercio en la ciudad.
Sin embargo, el foco también se sitúa en el aspecto económico del concierto. Desde algunas fuentes se asegura que Shakira no habría cobrado caché por la actuación, al tratarse de un evento promocional y de alto impacto mediático, aunque este tipo de espectáculos suele contar con importantes acuerdos indirectos, patrocinadores y retornos publicitarios.
Sea como sea, lo indiscutible es el resultado: un récord de asistencia, una ciudad volcada y una artista que vuelve a demostrar su poder de convocatoria a nivel global.