Ucrania ha vuelto a elevar la presión sobre Rusia con una nueva oleada de ataques contra infraestructuras estratégicas en San Petersburgo y otras zonas clave del país. Kiev asegura que sus operaciones con drones de largo alcance han logrado dañar gravemente el sistema energético ruso y que cerca del 43% de la capacidad de refinación de petróleo se encuentra afectada.
El objetivo de estos ataques es debilitar una de las principales fuentes de financiación del Kremlin: el petróleo. Las refinerías rusas se han convertido en un blanco prioritario dentro de una guerra que ya no solo se libra en el frente terrestre, sino también en la retaguardia económica e industrial.
Moscú, por su parte, mantiene que sus defensas aéreas interceptan buena parte de los drones ucranianos y acusa a Kiev de intentar provocar daños sobre instalaciones civiles y energéticas.
La guerra entra así en una nueva fase donde la energía se ha convertido en un arma más: Ucrania busca reducir la capacidad económica rusa para sostener la ofensiva mientras Rusia continúa sus ataques contra infraestructuras ucranianas.
El pulso entre ambos países sigue escalando con una estrategia cada vez más centrada en golpear los recursos que mantienen viva la maquinaria de guerra.