La tragedia de Venezuela entra en una de sus fases más duras. Tras casi dos semanas de trabajos de rescate, los equipos de emergencia han comenzado a pasar de la esperanza de encontrar supervivientes a la recuperación de cuerpos y la retirada de escombros con maquinaria pesada.
Más de 150 cadáveres que no han podido ser identificados han sido enterrados en hileras de fosas individuales, mientras muchas familias siguen buscando a desaparecidos y esperando una respuesta sobre sus seres queridos.
El balance de la catástrofe continúa aumentando: las últimas cifras elevan la tragedia hasta más de 3.500 fallecidos y alrededor de 16.700 heridos, con miles de personas afectadas y zonas enteras devastadas tras los terremotos del 24 de junio.
En lugares como La Guaira, una de las áreas más golpeadas, las excavadoras han empezado a entrar donde antes trabajaban los rescatistas. Edificios inestables y estructuras colapsadas comienzan a ser retiradas mientras los vecinos todavía esperan encontrar restos de familiares bajo toneladas de hormigón.
La herida de los desaparecidos
La nueva fase deja una imagen especialmente dolorosa: tumbas con cuerpos sin nombre y familias que no han podido despedirse. La prioridad ahora es identificar víctimas, recuperar cadáveres atrapados y comenzar una reconstrucción que será larga, con miles de personas sin hogar y barrios enteros marcados por el desastre.