La letra del tango se contradice con la realidad que cabalgará hoy en el césped del New York New Jersey. Recién escuché la letra: silencio en la noche/ya todo está en calma/el músculo duerme/la ambición descansa. Dudo que el silencio reine en una velada como esta, porque será una velada sellada de voces, de intemporales aplausos preñados en las gradas. New York sabrá que hay un murmullo de campeones que se desbordará por las calles, y que se incorpora ya a la bulla de la quinta avenida.
Hoy el mate me sabe a gloria bendita, el recuerdo de la vieja me inunda la mirada de lágrimas. Porque hoy el mundo sabrá quién ha jugado más en la calle, quién ha soñado con beberse los sueños mientras contemplaba La Costanera argentina. El tango es valiente y se adentra con la rodilla en terreno pantanoso, en un gesto que agrieta el aire del hangar. Y también pujante y confiado es el juego de la Roja, porque arrulla en su seno a la juventud de Luis de la Fuente.
Lo sabe Unai Simón que juega con la cabeza, Lamine Yamal que desbarata las defensas, y Pedro Porro que piensa antes de tirar. La ambición descansa, dice el tango; pero acá no es así, vos lo sabe. Acá la ambición estará en el más alto grado hoy. El título se lo llevará la selección mejor del mundo, y bailará al son de un pasodoble o de un tango en una imaginaria y esférica galaxia.
Gregorio Urbino Calero