La crisis de Ceuta abre un nuevo y delicado frente dentro del propio Estado. Según ha adelantado Antena 3 TV, el Centro Nacional de Inteligencia está molesto con Pedro Sánchez y con el Gobierno por las afirmaciones realizadas por el presidente en la Cadena SER sobre las advertencias previas de los servicios secretos.
Además, siempre según la información ofrecida por Antena 3 Noticias, desde el CNI consideran que la actuación de Marruecos responde a una «operación de contrainteligencia de manual», dirigida a cegar o confundir a los servicios españoles y a dejar en una posición muy comprometida al propio Centro Nacional de Inteligencia y a los espías españoles.
Una revelación especialmente grave porque llega después de que Sánchez asegurara en la SER que el CNI había compartido informes, pero que ninguno de ellos advertía de la gravedad y magnitud de lo que finalmente ocurrió en Ceuta.
Las palabras del presidente no habrían sentado bien dentro del Centro Nacional de Inteligencia, donde consideran que se está cuestionando públicamente su trabajo después de haber trasladado advertencias sobre la situación que se estaba generando en la frontera.
El malestar adquiere todavía mayor dimensión después de las declaraciones realizadas este miércoles por Ángel Víctor Torres, ministro de Política Territorial y responsable del mando único para la crisis de Ceuta.
Torres ha asegurado que el Gobierno nunca recibió un informe que advirtiera de que alrededor de 70.000 personas iban a entrar en la ciudad autónoma.
«Si realmente se dijo que iban a entrar 70.000 personas, eso hasta este momento ningún informe fue trasladado al Gobierno de España», afirmó.
La cuestión que se abre ahora es hasta dónde llegaron realmente las advertencias y qué información manejaron los diferentes organismos del Estado antes de los acontecimientos del 30 y 31 de julio.
Porque mientras Sánchez insiste en que ningún informe anticipó una crisis de esas dimensiones y Torres asegura que semejante alerta nunca llegó al Ejecutivo, según Antena 3 TV, desde el CNI se reivindica el trabajo realizado y existe un profundo malestar por la forma en que el presidente ha presentado públicamente la actuación de los servicios de inteligencia.
A todo ello se suma el informe del CENIF adelantado por El Español y publicado ayer por La Gaceta de Canarias, que ha provocado un auténtico terremoto político.
El documento policial describe una actuación con planificación previa, dirección estratégica y operacional y recoge el «guiado activo» de los cruces por parte de agentes marroquíes. También descarta que lo sucedido pueda explicarse simplemente como un acontecimiento espontáneo o incidental.
La publicación de aquella información fue seguida por una reacción extraordinaria de Fernando Grande-Marlaska.
Alrededor de la una de la madrugada, el ministro del Interior remitió una carta al director general de la Policía, Francisco Pardo, preguntándole desde cuándo disponía la Policía Nacional de aquella información y reclamando explicaciones sobre la veracidad de lo publicado.
Es decir: primero el informe salta a la prensa y después Interior pregunta por él.
La Dirección General de la Policía explicó posteriormente que los investigadores no habían informado a sus superiores del contenido del documento debido a las instrucciones recibidas de la magistrada de la Audiencia Nacional encargada del asunto.
Interior sostiene ahora que el informe no atribuye directamente al Estado marroquí la planificación o ejecución de la entrada masiva. Pero el documento sí describe una actuación organizada y la intervención sobre el terreno de agentes marroquíes.
Y ahora aparece la pieza del CNI.
Según Antena 3 TV, los servicios secretos españoles interpretan la actuación marroquí como una operación de contrainteligencia destinada precisamente a dificultar la capacidad de anticipación española y a erosionar posteriormente la credibilidad del CNI.
De confirmarse esa valoración, el debate deja de estar únicamente en si se avisó de 50.000, 70.000 o más entradas.
La cuestión pasa a ser mucho más profunda: si España fue víctima de una operación diseñada para engañar a sus propios servicios de inteligencia, quién la dirigió, quién conocía las advertencias y por qué el Gobierno continúa desvinculando a Marruecos mientras sus propios organismos de seguridad manejan conclusiones mucho más inquietantes.
