Sánchez, en minoría absoluta: todos sus socios cuestionan su gestión de Ceuta y su política con Marruecos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez en el Palacio de la Moncloa, en una imagen de archivo. EFE/ Chema Moya

La comparecencia de Pedro Sánchez sobre la crisis de Ceuta ha dejado una imagen política difícil de esconder: el presidente se ha quedado prácticamente solo en el Congreso en la defensa de la actuación de su Gobierno y, especialmente, de su posición respecto a Marruecos.

No únicamente PP y Vox han cargado contra el Ejecutivo. También lo han hecho las fuerzas que sostienen parlamentariamente a Sánchez e incluso Sumar, que forma parte del propio Gobierno.

La sesión ha dibujado así a un Ejecutivo en minoría parlamentaria y con una soledad política casi absoluta en la cuestión marroquí. Sánchez ha mantenido que no existen “pruebas sólidas” que permitan asegurar que Rabat diseñó o ejecutó la entrada masiva de migrantes en Ceuta, mientras buena parte de sus propios aliados sostiene precisamente lo contrario.

Desde Sumar se ha hablado directamente de un “ataque de Marruecos” y se ha reprochado al Gobierno haber reaccionado tarde. ERC ha acusado al reino alauí de utilizar la crisis para intentar debilitar al Ejecutivo español. Junts ha elevado todavía más el tono al cuestionar la capacidad del presidente para seguir gobernando tras lo sucedido.

Bildu ha considerado que el Gobierno no ha estado a la altura, el BNG ha cargado contra la gestión, Podemos ha reclamado hablar sin rodeos de la responsabilidad de Marruecos y el PNV ha acusado a Sánchez de autocomplacencia y de haber generado una sensación de abandono en Ceuta.

Coalición Canaria también endureció considerablemente su discurso. Cristina Valido defendió la buena vecindad, la diplomacia y la cooperación con Marruecos, pero dejó claro que deben producirse “sin chantajes, sin sometimientos y sin dependencia”.

Valido fue todavía más lejos al reclamar al Ejecutivo que deje de “financiar y colaborar con dictaduras corruptas”, en una clara referencia a la política mantenida con Marruecos. También defendió que no es “fascismo” proteger la integridad de las fronteras y reclamó responsabilidades políticas por lo sucedido.

Enfrente, PP y Vox llevaron la confrontación al máximo. Alberto Núñez Feijóo advirtió a Sánchez de que acabará pagando políticamente su gestión “en los tribunales y en las urnas”, mientras Santiago Abascal volvió a tachar al presidente de “traidor”.

El resultado político de la jornada deja a Moncloa en una posición especialmente incómoda: Sánchez conserva el Gobierno, pero en una cuestión de Estado como Ceuta y las relaciones con Marruecos no ha conseguido arrastrar detrás de su versión ni siquiera a buena parte de quienes habitualmente hacen posible su mayoría parlamentaria.

Un presidente que llegó al Congreso para explicar la crisis terminó comprobando que el problema ya no está únicamente enfrente. También está sentado en los escaños que necesita para seguir gobernando.