El hundimiento de otro portacontenedores frente a Bulgaria agrava la amenaza sobre la navegación comercial y aumenta la presión para una tregua que proteja a los barcos civiles.
El mar Negro se ha convertido en un frente cada vez más peligroso para la navegación comercial. Los ataques con drones contra cargueros y las ofensivas sobre infraestructuras portuarias extienden las consecuencias de la guerra de Ucrania a las tripulaciones civiles y a las rutas internacionales de mercancías.
Uno de los últimos episodios es el hundimiento del Contship Jet, un portacontenedores de gestión griega y bandera liberiana, alcanzado por tres drones marítimos frente a Bulgaria. Sus 18 tripulantes fueron rescatados.
El buque cubría la ruta entre Haifa, en Israel, y Constanza, en Rumanía, cuando fue golpeado en la zona económica exclusiva búlgara. La autoría no ha sido determinada públicamente. Ucrania atribuye a Rusia distintos ataques recientes contra mercantes, mientras Moscú niega su implicación.
La escalada ha llevado a Turquía a elevar sus advertencias. El ministro de Defensa, Yasar Guler, ha reclamado a Moscú y Kiev que detengan los ataques contra embarcaciones comerciales. Ankara mantiene una propuesta para garantizar la seguridad de la navegación y facilitar las exportaciones de cereal, y se reserva la posibilidad de emprender acciones legales si son atacados barcos turcos.
Grecia también ha pedido una tregua que permita recuperar el tránsito seguro. Su primer ministro, Kyriakos Mitsotakis, advirtió del aumento de los costes del transporte y de los seguros, una presión que añade dificultades al comercio marítimo de la región.
Mientras tanto, Bulgaria, Rumanía y Turquía han acordado reforzar el intercambio de información, las alertas tempranas y la coordinación. La prioridad es proteger unas rutas donde la guerra amenaza tanto a quienes transportan las mercancías como al suministro que depende de ellas.
