Riad paraliza temporalmente el estratégico oleoducto Este-Oeste tras varios ataques con drones. La infraestructura permite transportar millones de barriles hacia el mar Rojo sin pasar por el estrecho de Ormuz, convertido en uno de los grandes puntos de tensión energética del planeta.
Arabia Saudí ha cerrado temporalmente el oleoducto Este-Oeste, una de las infraestructuras más estratégicas de su sistema energético y la principal alternativa del reino para sacar petróleo al mercado internacional evitando el estrecho de Ormuz.
La decisión se adoptó después de que la conducción sufriera varios ataques durante la mañana del jueves en las regiones de Riad y Medina. Los incidentes provocaron varios heridos y daños que están siendo evaluados por los equipos técnicos saudíes.
El cierre llega en un momento especialmente delicado. El oleoducto, conocido también como Petroline, permite trasladar el crudo desde el este de Arabia Saudí hasta Yanbu, en la costa del mar Rojo. Su importancia se ha multiplicado ante las dificultades existentes en Ormuz y la creciente inseguridad en las principales rutas marítimas de Oriente Medio.
Por esta infraestructura circulan habitualmente entre cuatro y cinco millones de barriles diarios, aunque su capacidad es superior. Su paralización amenaza ahora con reducir todavía más el margen de maniobra de Arabia Saudí para mantener sus exportaciones.
El ataque supone además una nueva escalada regional. Riad sostiene que los drones fueron lanzados desde territorio iraquí y ha condenado con dureza lo ocurrido, aunque por el momento ha decidido no responder militarmente y permitir que las autoridades de Irak investiguen y actúen contra los responsables.
Arabia Saudí se reserva, no obstante, el derecho a adoptar las medidas que considere necesarias para defender sus instalaciones estratégicas.
El impacto internacional es inmediato porque el mercado petrolero llega a este nuevo episodio con una oferta ya tensionada. El Brent cerró la semana por encima de los 100 dólares por barril y las interrupciones en las rutas de suministro han devuelto al petróleo al centro de las preocupaciones económicas mundiales.
No significa que Arabia Saudí haya dejado de exportar completamente ni que haya desaparecido el petróleo árabe del mercado, como aseguran algunos mensajes difundidos en redes sociales. Pero sí significa que una de las principales vías diseñadas precisamente para sortear Ormuz ha quedado temporalmente fuera de servicio.
La gran incógnita es ahora cuánto durará el cierre y qué alcance real tienen los daños. Cada día de paralización aumenta la presión sobre unas rutas energéticas que llevan meses acumulando amenazas.
¿Por qué Arabia Saudí lo cierra de forma preventiva?
El Gobierno saudí ha insistido en que el cierre del oleoducto Este-Oeste es preventivo. Eso significa que la paralización no implica necesariamente que toda la conducción haya quedado inutilizada.
Tras los ataques, los equipos de emergencia y técnicos especializados detuvieron el bombeo para asegurar la instalación y comprobar el estado de tuberías, estaciones de bombeo, sistemas eléctricos y mecanismos de seguridad.
Mantener funcionando un oleoducto después de un ataque sin conocer exactamente el alcance de los daños podría provocar fugas, incendios, explosiones o averías todavía mayores.
Por eso, el protocolo obliga primero a detener el flujo, aislar las zonas afectadas y revisar la infraestructura antes de autorizar su reapertura.
La diferencia es importante: Arabia Saudí no ha anunciado por ahora un cierre definitivo ni que el oleoducto haya quedado destruido, sino una suspensión temporal mientras se determina si puede volver a operar con seguridad.
Precisamente de esas inspecciones dependerá ahora cuánto tiempo permanecerá cerrada una de las arterias petroleras más importantes del mundo.
