La playa de El Cabezo y la zona de baño para perros permanecen cerradas tras detectarse 410 UFC/100 ml de enterococos intestinales. El episodio llega apenas semanas después de que La Gaceta alertara sobre una llamativa mancha en Alcalá, Guía de Isora, que posteriormente el Cabildo atribuyó a microalgas y no a aguas fecales.
El litoral de Tenerife vuelve a situarse en el centro de la actualidad por la calidad de las aguas de baño.
Esta vez el episodio es claro.
La playa de El Cabezo, en Güímar, ha tenido que ser cerrada temporalmente al baño después de que las analíticas detectaran 410 UFC/100 ml de enterococos intestinales, una cifra que supera ampliamente el valor de referencia y obliga a adoptar medidas preventivas.
El cierre afecta también a la zona de playa para perros, dentro del tramo señalado por las autoridades.
No estamos, por tanto, ante una simple mancha visual o ante un fenómeno que pueda confundirse con microalgas.
En Güímar existe contaminación microbiológica acreditada por analítica.
Y eso marca la diferencia.
Las muestras previas ya habían despertado preocupación, pero el último resultado elevó la presencia de enterococos hasta niveles incompatibles con el baño, lo que llevó a Sanidad y al Ayuntamiento a cerrar el tramo afectado.
Ahora habrá que repetir los controles y esperar a que los resultados vuelvan a situarse dentro de los parámetros permitidos antes de autorizar nuevamente el acceso al agua.
La pregunta sobre el origen permanece abierta.
Una de las hipótesis que se ha puesto sobre la mesa apunta a problemas relacionados con el sistema de saneamiento y el emisario de la zona, aunque será necesario determinar técnicamente qué ha provocado el episodio.
El caso recuerda inevitablemente a lo ocurrido semanas atrás en el suroeste de Tenerife.
Como ya denunció informativamente La Gaceta de Canarias, en Alcalá, en el municipio de Guía de Isora, apareció una enorme mancha junto a una zona de baño que generó alarma entre quienes se encontraban en la costa.
Las imágenes eran suficientemente llamativas como para plantear la pregunta evidente:
¿aguas fecales o microalgas?
La publicación generó una rápida reacción institucional.
El Cabildo de Tenerife se puso en contacto con esta Redacción para señalar que aquello no correspondía a aguas fecales, sino a un episodio de microalgas.
Una explicación importante.
Pero también insuficiente por sí sola.
Porque cuando hablamos de salud pública y zonas de baño, la última palabra no puede depender únicamente de una valoración visual.
Tiene que venir de una analítica.
Y eso fue precisamente lo que ocurrió después.
Dos episodios distintos, una misma preocupación
Conviene no mezclar los casos.
En Alcalá, el Cabildo sostuvo que se trataba de microalgas y no de contaminación fecal.
En Güímar, en cambio, existen resultados microbiológicos que acreditan una concentración elevada de enterococos intestinales.
Son situaciones diferentes.
Pero ambas comparten algo fundamental: la necesidad de actuar con rapidez, transparencia y controles objetivos cuando aparecen señales anómalas en el mar.
Tenerife vive de cara al océano.
Sus playas son espacios de ocio, deporte, turismo y actividad económica.
Y precisamente por eso cualquier duda sobre la calidad del agua debe resolverse con información clara y con resultados medibles.
Ni alarmismo.
Ni minimización.
Datos.
En Güímar, hoy esos datos obligan a mantener una zona cerrada al baño.
Y en el episodio de Alcalá, las dudas generadas por una mancha visible acabaron igualmente llevando a realizar comprobaciones.
Porque entre una floración de microalgas y un episodio de contaminación fecal hay una diferencia sanitaria enorme.
Y esa diferencia no se puede resolver solo mirando el color del agua.
Primero fueron «microalgas»; después llegó Sanidad para medir
El episodio de Alcalá dejó además una secuencia que ahora, visto lo ocurrido en Güímar, cobra todavía más interés.
Cuando La Gaceta de Canarias publicó las imágenes de aquella enorme mancha junto a la zona de baño, el Cabildo de Tenerife se puso en contacto con esta Redacción para asegurar que no se trataba de aguas fecales, sino de microalgas.
La aclaración fue inmediata.11q y contaminación fecal, hay una diferencia demasiado importante como para resolverla simplemente mirando el color del agua.
