El estrecho de Ormuz afronta una nueva escalada tras la última cadena de ataques entre Irán y Estados Unidos contra embarcaciones en aguas de la región. El repunte de la violencia ha vuelto a frenar el tráfico marítimo por uno de los principales corredores energéticos del mundo y ha impulsado al alza el precio del petróleo.
El barril de Brent ha alcanzado los 100 dólares por primera vez desde julio, mientras que el volumen de crudo transportado a través del estrecho se habría reducido de nuevo. La vía concentraba antes del inicio del conflicto alrededor del 20 % del comercio mundial de petróleo.
La ofensiva estadounidense se produjo el miércoles, cuando Washington anunció la destrucción de cinco petroleros iraníes en el golfo de Omán y en las proximidades de la isla de Jark, uno de los principales centros petroleros de Irán. Estas acciones se sumaron al hundimiento anunciado días antes de otros tres buques cisterna vinculados a la República Islámica.
Teherán respondió atribuyéndose una operación de mayor alcance. La Guardia Revolucionaria aseguró haber alcanzado dos buques estadounidenses, ocho petroleros y una decena de embarcaciones en el estrecho de Ormuz, además de haber atacado una instalación militar estadounidense situada en Jordania.
No obstante, la magnitud de la ofensiva iraní no ha podido ser verificada de forma independiente. Hasta el momento, únicamente se han confirmado cuatro ataques contra embarcaciones no iraníes en la zona.
La agencia británica de Operaciones Comerciales Marítimas (UKMTO) comunicó la existencia de al menos cuatro «incidentes» que afectaron a barcos mercantes en diferentes puntos del golfo Pérsico. Uno de los episodios dejó un fallecido en el petrolero Hercules, con bandera de Gibraltar, mientras otro miembro de la tripulación permanece desaparecido.
La situación también ha estado marcada por informaciones sobre explosiones frente a las costas iraníes. Los medios estatales del país informaron de detonaciones en aguas próximas a Sirik, Minab y la isla de Qeshm, aunque ni las autoridades iraníes ni las estadounidenses han confirmado nuevos ataques en las últimas horas.
La sucesión de operaciones militares responde a una dinámica de represalias que se ha intensificado desde el comienzo de la guerra, el pasado 28 de febrero. Los ataques estadounidenses contra los petroleros iraníes llegaron después de acciones de Teherán contra embarcaciones vinculadas a Washington, que a su vez se produjeron tras anteriores bombardeos estadounidenses.
El estrecho se ha convertido así en uno de los principales escenarios de presión dentro del conflicto. Irán mantiene bloqueado el corredor desde el inicio de la guerra y exige autorización a los buques que pretendan atravesarlo, mientras también reclama el pago de tasas relacionadas con la navegación, la seguridad y la protección medioambiental.
Washington rechaza estas condiciones y ha tratado durante las últimas semanas de recuperar parte del tráfico marítimo mediante una ruta meridional próxima a Omán. Según el portal especializado TankerTrackers, por esta vía llegaron a transportarse aproximadamente cuatro millones de barriles diarios, aunque tras los últimos ataques el volumen se habría reducido aproximadamente a la mitad.
La perspectiva de una nueva escalada permanece abierta. La Guardia Revolucionaria iraní ha mantenido su discurso de confrontación y ha advertido de que responderá a cualquier nuevo ataque estadounidense.
«Si el enemigo ataca dos o tres de nuestros objetivos, nosotros responderemos con contundencia atacando 20 objetivos», afirmó el portavoz de la Guardia Revolucionaria, el general de brigada Hosein Mohebi.
A esta amenaza se suma el anuncio iraní de una nueva “zona restringida” en las proximidades del estrecho de Ormuz. La medida podría ampliar las limitaciones militares sobre el corredor y dificultar todavía más el transporte internacional de petróleo, elevando el riesgo de que la actual crisis marítima desemboque en una nueva fase de tensión energética.
