El presidente del Gobierno pretendía esperar al primer pleno ordinario del nuevo curso político para explicar la crisis de Ceuta, pero la oposición y varios de sus socios parlamentarios han forzado un adelanto de seis días. La comparecencia queda finalmente fijada para el jueves 3 de septiembre.
Pedro Sánchez tendrá que acudir antes de lo que pretendía al Congreso de los Diputados para dar explicaciones sobre la crisis de Ceuta. La presión política y parlamentaria ha terminado obligando al presidente del Gobierno a adelantar al próximo 3 de septiembre una comparecencia que el Ejecutivo había planteado inicialmente para el día 9.
La diferencia son apenas seis días en el calendario, pero políticamente el cambio tiene una lectura mucho mayor. Sánchez pretendía encajar sus explicaciones en el primer pleno ordinario del nuevo curso político. Sin embargo, varios grupos parlamentarios consideraron que esperar hasta entonces era demasiado después de la magnitud de la crisis desatada en Ceuta desde finales de julio.
La comparecencia queda finalmente fijada para el jueves 3 de septiembre, en un pleno extraordinario dedicado a que el jefe del Ejecutivo informe sobre la gestión realizada desde los acontecimientos del pasado 30 de julio.
El movimiento supone una rectificación respecto al calendario que había trasladado inicialmente La Moncloa. El Gobierno registró la petición para que Sánchez compareciera a petición propia y planteó expresamente el 9 de septiembre, coincidiendo con la primera sesión plenaria prevista dentro del periodo ordinario.
La propuesta chocó inmediatamente con varios grupos.
No fue únicamente la oposición la que reclamó acelerar las explicaciones. El PNV pidió que la presencia del presidente fuera «inmediata» y en pleno extraordinario, mientras Podemos también consideró demasiado tarde esperar hasta el día 9. Otros grupos de la Cámara se sumaron a la presión para que Sánchez compareciera durante la primera semana de septiembre.
La situación resultaba especialmente incómoda para el Gobierno porque la Diputación Permanente debía debatir una iniciativa del PP para obligar al presidente a comparecer de urgencia incluso antes de terminar agosto.
La posibilidad de que algunos grupos que habitualmente permiten al Ejecutivo sacar adelante las votaciones pudieran respaldar esa petición aumentó la presión sobre La Moncloa.
Finalmente se impuso una solución intermedia: no será en agosto, como reclamaban los populares, pero tampoco el 9 de septiembre, como pretendía inicialmente el Gobierno.
Será el día 3.
El propio portavoz socialista en el Congreso, Patxi López, reconoció que había grupos que consideraban necesario adelantar la fecha y que, como consecuencia de esas posiciones, se había adelantado.
Sánchez comparecerá así algo más de un mes después del comienzo de la crisis para explicar ante todos los grupos parlamentarios las decisiones adoptadas por el Ejecutivo, la respuesta del Estado y las medidas desplegadas posteriormente en Ceuta.
Sobre la mesa estarán algunos de los principales interrogantes que han acompañado la gestión de la emergencia durante las últimas semanas: el control de la frontera, la cooperación con Marruecos, la situación de las personas que permanecen en la ciudad autónoma, la respuesta de los distintos ministerios y la información de la que disponía el Gobierno antes de los acontecimientos.
A ello se suma la controversia abierta por las diferentes versiones ofrecidas dentro del propio Ejecutivo sobre la información manejada por el CNI antes de la crisis.
Antes de Sánchez pasarán por el Congreso distintos ministros para explicar la actuación de sus departamentos. Pero será la presencia del presidente la que concentre el mayor foco político.
El nuevo curso parlamentario comenzará así con Ceuta en el centro del debate y Pedro Sánchez obligado a adelantar seis días unas explicaciones que inicialmente quería dejar para el 9 de septiembre.
Los socios también aprietan: el PNV exigió explicaciones «inmediatas»
La presión que ha llevado a adelantar la comparecencia de Pedro Sánchez no procede únicamente de PP y Vox. La posición de algunos de los habituales aliados parlamentarios del Gobierno resultó clave para que la fecha inicialmente propuesta por La Moncloa no saliera adelante.
El PNV reclamó expresamente que Sánchez compareciera de forma «inmediata» y en un pleno extraordinario, sin esperar al inicio ordinario de las sesiones parlamentarias.
También Podemos rechazó el planteamiento inicial. Ione Belarra calificó de «lamentable» que se propusiera esperar hasta el 9 de septiembre y defendió que, como mínimo, el presidente debía acudir al Congreso durante la primera semana del mes.
La presión adquirió todavía mayor dimensión porque algunos grupos estaban valorando respaldar la iniciativa del PP en la Diputación Permanente para forzar una comparecencia urgente.
El Gobierno terminó moviendo ficha antes de que ese escenario pudiera materializarse.
La secuencia política deja clara la rectificación: Sánchez quería comparecer el 9 de septiembre, pero la presión parlamentaria ha terminado situándolo ante el Congreso seis días antes, el día 3.
La crisis de Ceuta marcará de esta manera el regreso de Pedro Sánchez al Congreso tras el paréntesis de agosto y se convertirá en uno de los primeros grandes debates políticos del nuevo curso.
