Las gasolineras vuelven a estar bajo la lupa de las autoridades. Las inspecciones realizadas para detectar posibles prácticas abusivas en la fijación de precios han puesto el foco en el conocido “efecto cohete y efecto pluma”, un fenómeno que durante años ha generado críticas entre consumidores y organismos de control.
El llamado efecto cohete se produce cuando el precio de los carburantes sube casi de inmediato tras un incremento del petróleo o de los costes energéticos, normalmente en apenas 48 o 72 horas. Sin embargo, cuando esos costes bajan, aparece el denominado efecto pluma: las rebajas tardan mucho más en llegar al surtidor, en ocasiones entre diez y trece días o incluso más.
Las autoridades han intensificado la vigilancia para comprobar si algunas compañías han trasladado con rapidez las subidas a los consumidores mientras retrasaban injustificadamente las bajadas. En caso de acreditarse conductas contrarias a la competencia o prácticas abusivas, las empresas implicadas podrían enfrentarse a importantes sanciones económicas.
El debate cobra especial relevancia ahora que el precio internacional del petróleo ha comenzado a moderarse tras las tensiones geopolíticas de las últimas semanas. Los consumidores esperan que esa caída se refleje cuanto antes en los surtidores y no vuelva a repetirse una situación en la que llenar el depósito se encarece a velocidad de cohete, pero se abarata con la lentitud de una pluma.
78 inspecciones para vigilar los precios
Los organismos de control han realizado al menos 78 inspecciones para analizar la evolución de los precios de los combustibles y detectar posibles irregularidades. El objetivo es determinar si las variaciones aplicadas por las estaciones de servicio responden realmente a los costes del mercado o si existen márgenes excesivos que perjudiquen al consumidor.