Un científico que viajaba a bordo del crucero MV Hondius ha relatado en la revista The New Yorker cómo una expedición de lujo por el Atlántico Sur terminó convirtiéndose en una crisis sanitaria internacional marcada por muertes, aislamiento y evacuaciones bajo estrictos protocolos de bioseguridad.
El testimonio, firmado por el periodista y científico Akash Kapur, reconstruye el ambiente vivido dentro del barco durante el brote de hantavirus que obligó finalmente a intervenir a varios gobiernos y organismos internacionales.
“El viaje de mi vida”, recuerda al inicio de su relato sobre una travesía que había partido desde Ushuaia con destino a Georgia del Sur, Tristan da Cunha, Santa Elena y Cabo Verde. Sin embargo, la situación cambió drásticamente cuando comenzaron a registrarse fallecimientos a bordo.
Primero murió un pasajero neerlandés y posteriormente su esposa. Poco después, otros viajeros empezaron a presentar síntomas graves mientras el crucero permanecía aislado en mitad del Atlántico Sur.
Durante varios días, los pasajeros creyeron que se trataba de una gripe o incluso de COVID-19. No fue hasta la realización de pruebas médicas en Sudáfrica cuando apareció el diagnóstico de hantavirus, generando un clima de creciente preocupación entre los ocupantes del buque.
“La gente no gritaba. Seguíamos observando aves y haciendo vida normal, pero todos entendimos que aquello era grave”, explica Kapur en el artículo, donde describe una tensión silenciosa a bordo mientras aumentaban las restricciones y se limitaban los movimientos de pasajeros.
El relato también recoge escenas que, según el autor, recordaban a los peores momentos de la pandemia: desembarcos denegados, evacuaciones condicionadas, sanitarios equipados con trajes NBQ y viajeros confinados en sus camarotes mientras el barco permanecía fondeado frente a Cabo Verde y posteriormente en Tenerife.
Uno de los episodios más impactantes fue la llegada a Canarias. “Nos daba miedo abrir las cortinas porque había periodistas apuntándonos con teleobjetivos”, señala el científico, quien relata cómo los pasajeros fueron evacuados en pequeños grupos y trasladados bajo fuertes medidas de aislamiento hasta el aeropuerto.
Finalmente, Kapur dio negativo en las pruebas de hantavirus, aunque admite que la experiencia dejó una huella imborrable. “Esta es la historia más histórica que he vivido… aunque jamás quise formar parte de ella”, concluye.