Israel afronta un escenario de incertidumbre tras las elecciones de este martes. Los sondeos a pie de urna sitúan al Likud del primer ministro, Benjamin Netanyahu, como la formación más votada, pero dejan tanto a su bloque como a la oposición encabezada por el exjefe del Ejército Gadi Eisenkot sin los 61 escaños que marcan la mayoría absoluta en el Parlamento. El escrutinio sigue abierto y todavía no hay resultados definitivos.
Las últimas revisiones de los sondeos estrechan las diferencias. Las proyecciones de Kan 11 y Canal 13 sitúan a ambos bloques empatados en 51 diputados, mientras otra estimación mantiene una ligera ventaja opositora. Este escenario impide dar por resuelta la continuidad de Netanyahu o la llegada de un Gobierno alternativo.
Los partidos árabes aparecen como uno de los actores decisivos de la noche, con una representación conjunta prevista de entre 17 y 18 escaños. Su apoyo podría facilitar una mayoría alternativa, aunque varias formaciones opositoras han rechazado integrar un Ejecutivo con ellos, lo que complica las negociaciones.
Eisenkot ha interpretado los primeros sondeos como una victoria política frente al primer ministro. Sin embargo, esa valoración todavía debe traducirse en votos escrutados y apoyos parlamentarios suficientes para formar Gobierno.
El recuento y la negociación entre partidos determinarán ahora el desenlace. La Comisión Electoral Central señala que los resultados pueden variar hasta la publicación oficial de los definitivos, prevista como máximo para el 4 de noviembre.
