Regresamos de vacaciones con una pregunta encima de la mesa: ¿Sigue Europa siendo competitiva frente a países como Estados Unidos y China?
Europa cuenta con empresas muy buenas, con talento, con tecnología y con capacidad industrial, pero también con unos costes energéticos elevados, una regulación importante y básicamente una productividad que necesita mejorar, lo que ha llevado a la economía del viejo continente a encontrarse, desde hace unos años, en una situación de enfriamiento.
Y mientras intentamos ganar competitividad, la inflación vuelve a levantar la cabeza, causándonos con ello un problema muy importante.
En España, el dato adelantado de agosto nos dejó el IPC en el 4,3%, siete décimas más que en julio y en niveles que no veíamos desde 2023. ¿El principal culpable? Los carburantes y la energía.
Pero no es solo la gasolina, ya que cuando sube la energía, acaba afectando al transporte, a la industria, a los alimentos y, en definitiva, a todo.
Y aquí aparece uno de los grandes protagonistas de este comienzo de curso: los tipos de interés.
El Banco Central Europeo se reúne esta semana y el mercado espera una subida de 25 puntos básicos, hasta el 2,5%, precisamente para intentar contener una inflación que en la zona euro está ya en el 3,3%.
Y esto tiene una traducción muy sencilla para el ciudadano: el dinero vuelve a ponerse un poco más caro.
Hipotecas, préstamos, financiación de empresas… y también ese crédito al consumo que ha permitido a muchas familias adelantar compras y financiar parte de sus vacaciones.
Y aquí puede estar uno de los puntos de inflexión de este nuevo curso.
Porque una economía puede mantener el consumo durante un tiempo tirando de crédito, pero el crédito de hoy es la cuota de mañana.
Y septiembre es precisamente el mes en el que muchas familias empiezan a recibir la factura real del verano.
Otro asunto que debería de estar presente durante este curso es la deuda pública.
España tiene una deuda equivalente aproximadamente al 101,5% del PIB. Es decir, debemos una cantidad similar a todo lo que produce nuestra economía en un año.
Y no estamos solos, ya que por ejemplo Estados Unidos tiene también una deuda gigantesca y, a nivel mundial, el endeudamiento público y privado se encuentra en niveles históricamente elevados.
¿Significa esto que mañana vamos a tener una crisis?
No, pero sí significa que tenemos menos margen de maniobra cuando llegan las dificultades, y las dificultades, desgraciadamente, no faltan.
Oriente Medio, Irán, Ucrania, Israel, el petróleo, el estrecho de Ormuz y ahora también la situación de Ceuta.… La geopolítica ha dejado de ser algo que estudiábamos en los periódicos para convertirse directamente en una variable económica.
Una guerra puede encarecer el petróleo. El petróleo puede aumentar la inflación.
La inflación puede obligar a subir los tipos y los tipos más altos pueden frenar el consumo y la inversión.
Así de rápido puede viajar una guerra hasta nuestro bolsillo.
Y en medio de todo esto tenemos una curiosidad extraordinaria; El Ibex 35 ha superado por primera vez en su historia en este verano los 20.000 puntos. Un récord histórico que demuestra que la bolsa puede estar funcionando muy bien incluso cuando la economía tiene importantes incertidumbres.
Y esto nos recuerda algo importante: la bolsa no es la economía, la bolsa mira hacia delante; las familias miran la factura de la luz, la gasolina, la hipoteca y la cesta de la compra, y finalmente tenemos el componente político.
Comienza un curso en el que España entrará progresivamente en un ciclo electoral que puede generar incertidumbre sobre impuestos, gasto público, inversiones y reformas, y ya sabemos que los mercados financieros tienen poca paciencia con la incertidumbre.
Por todo esto, podríamos resumir este inicio de curso, diciendo que tenemos crecimiento, tenemos empleo, tenemos una bolsa en máximos… pero también tenemos inflación, deuda, petróleo, tipos de interés y mucha incertidumbre geopolítica.
Así que abróchense los cinturones.
Porque empieza el curso 2026-202, y me temo que este año vamos a tener economía para rato.
Jordi Bercedo
Economista
