Donald Trump convirtió este martes la Asamblea General de Naciones Unidas en el escenario de una de sus intervenciones internacionales más contundentes. El presidente de Estados Unidos advirtió directamente a Irán de que tendrá que elegir entre alcanzar un acuerdo con Washington o enfrentarse a una respuesta que, en sus propias palabras, podría suponer «aniquilar a la República Islámica».
Trump centró buena parte de su discurso en justificar la ofensiva estadounidense contra Teherán y volvió a marcar como línea roja que el régimen iraní pueda disponer de armamento nuclear. Pese a la dureza de sus palabras, dejó abierta la puerta de la negociación y aseguró que considera posible alcanzar un acuerdo después de las elecciones legislativas estadounidenses del próximo 3 de noviembre.
El presidente norteamericano extendió su mensaje de fuerza al continente americano. «Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra el país se afiancen» en la región y, si fuera necesario, recurrirá a su capacidad militar para defender sus intereses nacionales.
Cuba recibió otra de las advertencias más severas. Trump calificó a la isla como un Estado fallido sometido a una presión sin precedentes y pronosticó el final del régimen comunista: «Caerá». La delegación cubana abandonó el salón de la Asamblea General durante la intervención del mandatario estadounidense.
El discurso dibujó una política exterior basada en la exhibición del poder estadounidense y en la advertencia de que Washington está dispuesto a utilizarlo. Trump reivindicó además sus actuaciones en Venezuela y defendió que Estados Unidos vuelve a ejercer un papel dominante en el hemisferio occidental.
La intervención dejó así dos mensajes especialmente explosivos desde la tribuna de Naciones Unidas: negociación o máxima presión para Irán y la predicción de un cambio de régimen en Cuba. Una declaración de intenciones que vuelve a colocar a Washington en el centro de un escenario internacional cada vez más tensionado.
