
El 25 de septiembre se cumple un año de la muerte de la escritora, política y gestora cultural tinerfeña, una mujer que dejó su huella en las instituciones, en el patrimonio, en la literatura y en una generación de escritoras que quiso convertir la creación literaria en un proyecto colectivo. Hay personas cuya trayectoria resulta difícil de resumir porque parece escrita por varias vidas distintas. La de Dulce Xerach Pérez López es una de ellas.
Abogada, doctora en Arquitectura, gestora cultural, política, profesora universitaria, escritora de novela negra, articulista y defensora de la literatura escrita por mujeres. También compañera, esposa, amiga y, por encima de todo, una mujer profundamente vinculada a Tenerife y a la cultura de Canarias.
El 25 de septiembre de 2025, Dulce Xerach fallecía de manera repentina en Madrid a los 56 años. La noticia se conoció al día siguiente y provocó una conmoción inmediata en el ámbito cultural y político del Archipiélago. Un año después, su figura continúa repartida por muchos de los espacios que ayudó a construir y, también, entre las páginas de los libros y los proyectos de las escritoras a las que quiso reunir.
Una vida entre el Derecho, la arquitectura y la cultura
Nacida en Tacoronte en 1969, Xerach estudió Derecho en la Universidad de La Laguna y completó su formación con estudios de gestión empresarial y gestión cultural. Más tarde obtuvo un doctorado en Arquitectura por la Universidad Europea de Madrid y desarrolló una trayectoria profesional en la que acabarían confluyendo disciplinas que, aparentemente, pertenecían a mundos distintos: derecho, arquitectura, patrimonio y cultura. Ella misma explicaba que su entrada en la política estuvo motivada, precisamente, por su pasión por la cultura. Primero se enamoró de la cultura y después entró en política con la intención de intentar transformarla desde las instituciones.
Su carrera política comenzó en los años noventa y estuvo vinculada a Coalición Canaria. Ocupó diferentes responsabilidades en el Cabildo de Tenerife y en el Gobierno de Canarias, entre ellas la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo, la dirección general del Gabinete del presidente del Gobierno autonómico y la Viceconsejería de Cultura y Deportes. También fue diputada en el Parlamento de Canarias durante la VII Legislatura. Pero probablemente sea más fácil comprender su paso por la política observando aquello que quedó después de ella que enumerando sus cargos.
La cultura como obra política
Xerach fue una de las figuras vinculadas al nacimiento y desarrollo de proyectos culturales que hoy forman parte del paisaje de Tenerife.
Participó en el impulso del Instituto Óscar Domínguez de Arte y Cultura Contemporánea, germen del actual Tenerife Espacio de las Artes (TEA), y defendió especialmente la recuperación y difusión de la obra del artista surrealista canario Óscar Domínguez. También estuvo vinculada al Espacio Cultural El Tanque, uno de los ejemplos más singulares de recuperación y defensa del patrimonio industrial de Santa Cruz de Tenerife. Su actividad institucional se extendió además al Patronato Insular de Música, el Conservatorio Superior de Música de Santa Cruz de Tenerife, el Organismo Autónomo de Museos y Centros, el Instituto Tecnológico de Energías Renovables y otros organismos relacionados con el patrimonio, el arte y la promoción cultural. También defendió la creación y consolidación de redes culturales y educativas, entre ellas las relacionadas con las escuelas de música y las bibliotecas públicas.
Para Xerach, la cultura no parecía ser un adorno institucional. Era infraestructura. Y esa diferencia explica buena parte de su trayectoria.
Después de la política llegó otra Dulce Xerach
Tras catorce años en primera línea política, decidió apartarse de ella. En una de sus entrevistas reconocía que la política había dejado de interesarle y que llegó incluso a dejar de leer las noticias durante una etapa. Su salida, sin embargo, no fue una retirada. Fue una reinvención. Creó su propia empresa, continuó su formación, se doctoró en Arquitectura, comenzó a trabajar en la Universidad Europea de Canarias y dedicó cada vez más espacio a dos de sus grandes pasiones: escribir y leer.
En una entrevista publicada en 2020 contaba que, en esa nueva etapa, trabajar como abogada, impartir docencia y escribir le ocupaban buena parte del tiempo, aunque confesaba que lo que más le gustaba era precisamente escribir, leer y pasear por la playa. También dejaba ver una faceta mucho más doméstica y personal. Recordaba las meriendas de su infancia con galletas María, mantequilla y rosquetes compartidos con sus primas. Y hablaba de Fernando Martín Menis, arquitecto y su marido, como su “amor inmortal”.
Esos detalles ayudan a completar el retrato de una mujer que durante años fue observada principalmente desde sus cargos públicos. Detrás de la política estaba también una lectora apasionada, una devoradora de cómics desde niña, una mujer a la que le gustaba viajar porque, según explicaba, conocer otros lugares le ayudaba a desprenderse del “ombliguismo” y ampliar la mirada.
María Anchieta: convertir Canarias en escenario de novela negra
Su segunda gran vida pública fue literaria. Xerach creó a la inspectora María Anchieta, protagonista de una serie de novelas negras que llevó sus investigaciones por diferentes ciudades del mundo. La saga comenzó con Robo en São Paulo, continuó con Asesinato en una playa de Londres y Secuestro en Hong Kong, y culminó con Muerte en la Bienal de Venecia. La Biblioteca de Canarias recoge además la traducción de parte de su obra al inglés, portugués e italiano. La elección de escenarios internacionales contrastaba con la identidad profundamente canaria de su autora. Sus novelas utilizaban el género negro para viajar por el mundo sin perder de vista las islas.También publicó ensayos vinculados a la arquitectura y el patrimonio, entre ellos Arquitectura con derecho(s) y Cómo crear un museo para cambiar una ciudad: la experiencia del IODACC/TEA.
Su escritura no terminó en los libros. Durante años colaboró con medios de comunicación de Canarias y utilizó el periodismo de opinión para hablar de cuestiones sociales, culturales y políticas. En sus últimos años participaba también en Radio Club Tenerife con el espacio de opinión ‘La firma invitada’.
Una mujer que convirtió el feminismo en una cuestión cultural
La literatura fue, para Xerach, algo más que una actividad individual.Desde el proyecto La Literatura es Femenina, que dirigió durante años, trabajó para visibilizar a las escritoras y analizar la desigualdad existente en el mundo literario. El proyecto llevó a Canarias a autoras internacionales y convirtió la literatura escrita por mujeres en un espacio de debate público.
Su compromiso feminista también tenía una dimensión personal. En una entrevista llegó a contar que había sufrido situaciones de acoso durante su etapa como consejera y habló abiertamente del techo de cristal que había experimentado desde sus primeros pasos en política.
No planteaba la igualdad únicamente como una reivindicación. Quería construir espacios. Y de ahí nació uno de sus últimos grandes proyectos.
Generación i, el legado que quedó entre escritoras
En 2024 varias escritoras canarias comenzaron a trabajar conjuntamente en lo que denominaron Generación i, un grupo que pretendía romper con la idea del escritor como figura aislada y crear un espacio común para compartir experiencias, defender derechos y mejorar las condiciones profesionales del sector literario. Dulce Xerach fue una de sus impulsoras.
La Biblioteca de Canarias identifica a la Generación i como uno de los proyectos de los que formó parte Xerach junto a Arantxa Rufo, Irina Daria M, Helen Rytkönen, Ana González Duque, Fátima Martín, Felicidad Batista y Pilar Torres. La iniciativa fue presentada como la primera generación literaria del siglo XXI formada por mujeres escritoras de Canarias. Sus integrantes vivían y producían desde el Archipiélago, pero compartían también la necesidad de cambiar la forma en que se entendía la profesión literaria.
La propia Xerach explicaba que una generación no se define únicamente porque sus integrantes escriban en una misma época, sino porque crean un espacio común y unen esfuerzos para alcanzar un objetivo. La letra “i” tampoco era casual. En una entrevista explicó que podía aludir a mujeres incomprendidas, intergeneracionales e insulares, pero también inteligentes e innovadoras.
La idea iba más allá de promocionar unos cuantos libros. La Generación i planteó al Gobierno de Canarias un plan de apoyo al sector literario que abordara la creación, producción y distribución del libro y permitiera revisar las políticas culturales destinadas a la literatura. Y quizá ahí se encuentre una de las claves para entender los últimos años de Dulce Xerach. Después de haber intentado transformar la cultura desde los gobiernos, decidió intentar transformarla también desde quienes escribían.
Una generación que continuó después de ella
En mayo de 2025, apenas cuatro meses antes de su muerte, la Generación i presentó sus obras en la Feria del Libro de Santa Cruz de Tenerife. Xerach seguía al frente del proyecto La Literatura es Femenina y defendía públicamente la necesidad de que las escritoras dejaran de trabajar de manera aislada. Fue una de sus últimas grandes apariciones públicas vinculadas a la literatura. Hoy, un año después de su muerte, aquella idea permanece.
Permanece en sus novelas, en los proyectos culturales que ayudó a impulsar, en el patrimonio que defendió, en las instituciones por las que pasó y, especialmente, en las escritoras que compartieron con ella una idea que probablemente resume mejor que ninguna biografía su última etapa: que escribir no tiene por qué ser una actividad solitaria.
Dulce Xerach dedicó buena parte de su vida a crear espacios.
Espacios para el arte, para el patrimonio, para la literatura y para las mujeres. Y quizá esa sea la forma más precisa de medir su legado: no solo por aquello que hizo, sino por aquello que dejó preparado para que otros pudieran continuar haciéndolo. Un año después, la inspectora María Anchieta sigue viajando por el mundo. El TEA sigue ocupando su lugar en Santa Cruz. El Tanque continúa siendo un símbolo de la defensa del patrimonio industrial. Y la Generación i sigue escribiendo.
La cultura canaria perdió a una de sus voces más inquietas el 25 de septiembre de 2025.
Por Irina Daria M.
