Dos veces al año repetimos el mismo ritual: adelantar o retrasar los relojes, reorganizar los horarios y escuchar las explicaciones de una costumbre que parece mantenerse más por inercia que por una reflexión seria sobre sus consecuencias. Entretanto, lo fundamental queda en segundo plano: la salud y la vida diaria de las personas.
Basta ya. Una decisión que afecta al conjunto de la población merece una justificación rigurosa. No podemos seguir aceptando que algo deba mantenerse simplemente porque llevamos muchos años haciéndolo.
El organismo humano no funciona como un teléfono móvil. La pantalla actualiza la hora automáticamente; nuestro reloj biológico necesita adaptarse. Los ciclos de luz y oscuridad intervienen en la regulación del sueño y la vigilia. Modificar la hora oficial no significa que el cuerpo cambie de ritmo con la misma facilidad. La medicina del sueño lleva años señalando los inconvenientes de estas transiciones y defendiendo la estabilidad horaria.
Sin embargo, cada vez que llega el cambio volvemos a reducir el debate a una frase: dormiremos una hora más o una hora menos. Como si el descanso pudiera resolverse con una operación aritmética. Como si adaptar la vida familiar, los horarios laborales y las rutinas cotidianas careciera de importancia.
Dormir bien forma parte de la salud. Por eso resulta difícil comprender que se trate con tanta ligereza cualquier medida que interfiera en su organización. La prevención también consiste en revisar decisiones colectivas y preguntarse si los beneficios que prometen compensan los inconvenientes que ocasionan.
La ciencia debe ocupar un lugar central en esa evaluación. No basta con invocarla en los discursos institucionales: hay que escucharla cuando obliga a cuestionar hábitos establecidos. Mantener una medida exige argumentos, del mismo modo que los exige modificarla.
También conviene distinguir dos cuestiones que a menudo se mezclan: acabar con los cambios estacionales y decidir qué horario debe permanecer. La elección de un horario estable debe atender a la evidencia y a su relación con la luz natural. No puede depender únicamente de la preferencia por disponer de más claridad para determinadas actividades.
El debate merece algo más que una sucesión de opiniones sobre si nos gusta que anochezca antes o después. Las preferencias personales son legítimas, pero una política que afecta a millones de ciudadanos necesita una evaluación más amplia. El descanso, la organización social y la actividad económica deben examinarse con rigor, explicando los beneficios y las limitaciones de cada alternativa.
Lo razonable es abordar este asunto con seriedad, coordinación y voluntad de resolverlo. Las administraciones tienen la responsabilidad de explicar sus decisiones y de situar el bienestar de los ciudadanos entre sus prioridades. Aplazar indefinidamente el debate perpetúa una práctica sin ofrecer una respuesta convincente a quienes la cuestionan.
No necesitamos otra conversación de unos días que desaparezca hasta el siguiente cambio. Necesitamos una decisión fundamentada y comprensible.
Los relojes se ajustan en segundos. Nuestra vida merece algo más de consideración.
Sobre el autor
Antonio Alarcó Hernández, nacido en Santa Cruz de Tenerife en 1951, es médico, cirujano y catedrático de Cirugía de la Universidad de La Laguna desde 1996. Es doctor en Medicina y Cirugía, Ciencias de la Información y Sociología, y especialista en Cirugía General, Cirugía del Aparato Digestivo y Cirugía Pediátrica. Su formación incluye estudios en sanidad, dirección hospitalaria, telemedicina y gestión de servicios sociosanitarios.
Su trayectoria asistencial está estrechamente vinculada al Hospital Universitario de Canarias, donde ha desempeñado responsabilidades en Cirugía General y Digestiva y fue subdirector médico. También ha dirigido el equipo quirúrgico de trasplante de páncreas de Canarias y ha completado formación especializada en trasplantes de páncreas e hígado en centros españoles y estadounidenses.
En la Universidad de La Laguna ha sido vicedecano de la Facultad de Medicina y vicerrector de Infraestructura y Equipamiento. La institución recoge asimismo su vinculación como director de la Cátedra de Telemedicina, Robótica y Telecirugía. Es académico de número de las reales academias de Medicina de Canarias y correspondiente de la Nacional y de la de Valencia.
Ha desarrollado una extensa actividad investigadora y divulgativa. Su perfil en InvestigaULL recoge 23 libros, más de 200 artículos médicos y más de 300 comunicaciones en congresos, además de centenares de artículos en prensa. Es miembro de la Asociación de la Prensa de Tenerife y miembro de honor de la Sociedad Española de Periodismo Científico.
En el ámbito político, fue senador del Partido Popular por Tenerife entre 2008 y 2023. Durante su trayectoria parlamentaria ejerció responsabilidades como portavoz en comisiones de Sanidad y de Ciencia y formó parte de la Diputación Permanente del Senado.
