El Puerto de Santa Cruz va a por los grandes barcos que se iban a Europa y África: 22.000 toneladas y 450 empleos

El Puerto de Santa Cruz de Tenerife da un salto de dimensión en el negocio de la reparación naval. El nuevo dique seco flotante de Tenerife Shipyards ha superado con éxito su primera prueba de inmersión técnica, un paso decisivo antes de comenzar a operar y que permitirá a la capital tinerfeña competir por grandes buques que hasta ahora tenían que desplazarse a otros puertos de Europa o de la costa africana para realizar determinadas reparaciones y trabajos fuera del agua.

El Hidramar Ultra 22000, instalado en la Dársena del Este, cuenta con unos 240 metros de eslora y una capacidad de elevación de 22.000 toneladas. Sus dimensiones permitirán atender buques de gran porte, entre ellos portacontenedores, petroleros, cruceros, cableros y unidades de tamaño Panamax, ampliando considerablemente las posibilidades industriales del principal recinto portuario de Tenerife.

La primera inmersión técnica ha permitido comprobar el comportamiento de la estructura y el funcionamiento de algunos de sus elementos esenciales. Entre ellos, la estanqueidad de los compartimentos y el sistema de bombas encargado de controlar tanto el descenso como la posterior elevación del dique. La maniobra se completó satisfactoriamente y supone superar uno de los principales exámenes previos a su entrada en actividad comercial.

Pero la verdadera dimensión del proyecto va mucho más allá de sus 240 metros. La previsión de Tenerife Shipyards pasa por generar alrededor de 150 empleos directos y otros 300 indirectos, lo que elevaría hasta aproximadamente 450 puestos de trabajo el impacto laboral asociado a la nueva infraestructura. Soldadores homologados, caldereros, mecánicos, electricistas navales, especialistas hidráulicos, tuberos y numerosas empresas auxiliares pueden beneficiarse de la actividad que genere el nuevo dique.

La apuesta tiene, además, un componente estratégico. Canarias ocupa una posición privilegiada en las grandes rutas marítimas del Atlántico, pero disponer de tráfico marítimo frente a las costas no significa necesariamente quedarse con el negocio que generan esos barcos. El nuevo dique pretende precisamente cambiar esa realidad: que los grandes buques no solo pasen por las Islas o hagan escala para suministrarse, sino que puedan repararse y permanecer durante días o semanas en Santa Cruz, generando actividad económica alrededor del puerto.

Hasta ahora, determinadas operaciones obligaban a los armadores a buscar instalaciones adecuadas en otros enclaves europeos o africanos. La incorporación de una infraestructura capaz de elevar hasta 22.000 toneladas coloca al Puerto de Santa Cruz ante la posibilidad de competir directamente por una parte de ese mercado.

Superada la prueba de inmersión, quedan los últimos ajustes técnicos y administrativos antes de la llegada del primer buque comercial. Será entonces cuando comience el verdadero examen para una infraestructura que aspira a devolver protagonismo a la industria naval de Tenerife y convertir al Puerto de Santa Cruz en un centro de referencia para la reparación de grandes barcos en el Atlántico.