El Vesubio sepultó una vida y un armario guardó sus recuerdos durante 2000 años

piedra vesubio

Los arqueólogos recuperan en Pompeya monedas, utensilios de belleza y amuletos infantiles entre los restos de un mueble que quedó enterrado durante la erupción del año 79.

Unas monedas para los gastos cotidianos, utensilios para el cuidado personal y pequeños amuletos que quizá alguien conservó desde la infancia. Los restos de un armario descubierto en Pompeya han devuelto a la luz pertenencias que permiten acercarse a la vida de quienes habitaron la ciudad antes de que el Vesubio la sepultara en el año 79. El hallazgo se ha producido en la denominada Casa de Cornelio Máximo, junto a la Via dell’Abbondanza, una de las principales vías de la antigua ciudad romana.

Entre los objetos recuperados destacan unas pinzas, un frasco de vidrio para perfumes o ungüentos y una pequeña pieza utilizada para preparar o mezclar cosméticos. También aparecieron recipientes de distintos materiales y pesas posiblemente relacionadas con actividades comerciales. Reunidos en un mismo mueble, ofrecen pistas sobre los hábitos personales y el trabajo de sus propietarios.

El conjunto incluye al menos 24 pequeños colgantes, conocidos como crepundia. Estos amuletos se entregaban a los niños como protección y producían sonidos con sus movimientos. Algunos adultos los conservaban, posiblemente como recuerdos de infancia. Su presencia entre las pertenencias abre una ventana al valor emocional que podían tener estos objetos.

Otro de los descubrimientos son 38 monedas de bronce, guardadas en un pequeño recipiente elaborado con fibras vegetales. Nadie volvió a recuperarlas. Sin embargo, los investigadores no pueden determinar si sus propietarios murieron durante la erupción o consiguieron escapar y nunca regresaron por sus bienes. Tampoco se conoce con certeza la identidad de quienes ocuparon la vivienda.

El armario no se ha conservado intacto. El estudio de las huellas de la madera en los depósitos volcánicos y de la posición de los objetos ha permitido reconstruir parte de su estructura y de sus estantes. Casi dos milenios después, aquellas pertenencias ayudan a conocer una existencia cotidiana interrumpida por la catástrofe: el cuidado de la imagen, los ahorros, el trabajo y los recuerdos que alguien decidió guardar.

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