Calabazas, casas del terror y celebraciones ganan protagonismo frente a las tradiciones del recuerdo y activan el negocio del comercio, la hostelería y el ocio nocturno.
El miedo se convierte en fiesta y también pasa por caja. Halloween despliega disfraces, maquillaje, calabazas y golosinas en una celebración que comparte calendario con los Finados, pero domina los escaparates. La fórmula popularizada por Estados Unidos encuentra en el entretenimiento familiar y el ocio nocturno dos grandes aliados.
En Tenerife, municipios como Santa Cruz, La Laguna, Adeje, Candelaria y El Sauzal preparan propuestas para este fin de semana. Las casas del terror, las actividades infantiles y las fiestas dibujan una agenda en la que vestirse para asustar forma parte del reclamo.
Halloween activa el negocio de disfraces, golosinas, decoración y ocio nocturno, con un gasto que va mucho más allá de la noche del 31 de octubre y se reparte durante toda la campaña comercial. Al traje se suman pelucas, máscaras, maquillaje y complementos; a la salida, las entradas y las consumiciones.
Frente a ese despliegue, los Finados conservan una forma más íntima de vivir estas fechas: recordar a los fallecidos, reunirse en familia y mantener las costumbres transmitidas entre generaciones. Las visitas a los cementerios, las flores y los encuentros alrededor de la memoria comparten espacio con las calabazas y el «truco o trato».
La convivencia también tiene reflejo en la programación. La Laguna incorpora conciertos a la luz de las velas en cinco cementerios, con dos pases, a las 18:30 y a las 19:45 horas, además de misas y actividades sobre las tradiciones canarias.
Son dos maneras de acercarse a unas fechas marcadas por la muerte: desde el homenaje y desde el espectáculo. En el escaparate, la estética americana lleva la delantera. La tradición canaria mantiene el reto de transmitir su significado a las nuevas generaciones.
