Juan Hernández Mosquera, la despedida de un general cabal y comprometido con Canarias

El jefe de la Guardia Civil en el archipiélago pasa a la reserva tras una etapa marcada por el trabajo, la cercanía y el saber estar. Su último acto oficial fue el adiós a Jesús de Miguel en el Heliodoro.

Hay nombres propios que dejan huella por su manera de ejercer una responsabilidad. Juan Hernández Mosquera cierra su etapa al frente de la Guardia Civil en Canarias con el reconocimiento a una labor importante en esta comunidad autónoma y a una forma de desempeñar el mando basada en el trabajo, la seriedad y el trato respetuoso.

Cabal, trabajador y comprometido con su demarcación, el general ha demostrado durante estos años una impronta personal y un saber estar destacado. Al frente de la Benemérita en el archipiélago, ha sabido representar a la institución con firmeza y cercanía, cualidades que han definido su relación con la sociedad canaria y con sus representantes.

Antes de su pase a la reserva, Hernández Mosquera asistió a su último acto oficial en el estadio Heliodoro Rodríguez López, durante la despedida a Jesús de Miguel. Una ceremonia profundamente emotiva, en la que casi siete mil personas acompañaron al Club Deportivo Tenerife y a la familia del delantero después de una semana durísima.

En el recinto coincidió con Sergio Batista, presidente del Costa Adeje Tenerife Egatesa; el alcalde de El Sauzal, Mariano Pérez; el vicepresidente del Gobierno de Canarias, Manuel Domínguez, y la presidenta del Cabildo Insular de Tenerife, Rosa Dávila, entre otros representantes de la vida institucional y deportiva de la isla.

Su presencia en aquella despedida fue la última expresión pública de una responsabilidad que ha ejercido con dedicación. En una noche de dolor compartido, el general acompañó al tinerfeñismo desde ese respeto y esa discreción que también han caracterizado su etapa en Canarias.

Hernández Mosquera pasa a la reserva dejando el reconocimiento al trabajo desarrollado al frente de la Guardia Civil en las islas. El de un servidor público que ha sabido estar a la altura de su cargo y mantener, junto a la responsabilidad del mando, la cercanía en el trato.

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