Una oleada de amenazas de bomba ha afectado este jueves, 5 de noviembre, a más de 15 vuelos comerciales en distintos países europeos. Los incidentes han obligado a desviar aeronaves, desplegar cazas militares y activar protocolos de seguridad en varios aeropuertos. España también se ha visto afectada, con tres vuelos relacionados con Madrid-Barajas entre los que recibieron las alertas.
Uno de los episodios más destacados se produjo en un avión de Aer Lingus que cubría la ruta entre Dublín y Roma. La aeronave tuvo que modificar su recorrido mientras sobrevolaba Francia y terminó aterrizando en la base aérea de Évreux, situada en Normandía, después de recibir un aviso sobre la posible presencia de explosivos. A bordo viajaban 151 pasajeros y seis miembros de la tripulación. Tras el aterrizaje, equipos especializados realizaron las comprobaciones correspondientes.
En España, las amenazas afectaron a dos vuelos de Iberia procedentes de Roma y Milán, que tenían previsto aterrizar en Madrid. Ambos aparatos llegaron a Barajas alrededor de las 10.00 horas y sus pasajeros pudieron desembarcar con normalidad. La compañía confirmó posteriormente que los avisos habían resultado ser falsas alarmas.
También se registraron incidencias en tres vuelos de Ryanair que se dirigían a Sofía desde Madrid, Londres y Copenhague. Las autoridades búlgaras desplegaron cazas para escoltar las aeronaves. Dos de ellas aterrizaron en la capital búlgara, mientras que la procedente de Londres tuvo que ser desviada al aeropuerto de Plovdiv. Los registros posteriores no encontraron ningún artefacto explosivo.
La compañía finlandesa Finnair comunicó igualmente amenazas en dos de sus operaciones desde Helsinki, una con destino a Roma y otra a Viena. El primer avión aterrizó en el aeropuerto de Fiumicino acompañado por cazas italianos, mientras que el segundo llegó a la capital austríaca sin necesidad de modificar su ruta. Las inspecciones realizadas descartaron cualquier elemento sospechoso.
Otro de los vuelos afectados fue un aparato de Wizz Air que cubría el trayecto entre Milán y Varsovia, que tuvo que aterrizar en Viena. También se recibieron avisos relacionados con una aeronave que viajaba desde Milán hasta Bucarest, así como en cuatro vuelos con destino a Praga. En este último caso, la Policía checa informó de que los aviones pudieron aterrizar con normalidad y que las revisiones no detectaron objetos peligrosos.
Las alertas alcanzaron además a Bélgica y Grecia. Un avión de la compañía polaca LOT aterrizó en Bruselas después de recibir una comunicación sospechosa, mientras que dos vuelos de Aegean Airlines, uno entre Salónica y Milán y otro entre Atenas y Viena, tuvieron que someterse a controles de seguridad antes de continuar sus operaciones.
La situación también afectó al funcionamiento de algunas instalaciones aeroportuarias. En Varsovia, una de las pistas del aeropuerto Chopin permaneció cerrada temporalmente tras una amenaza relacionada con un vuelo de LOT que se dirigía a París. En Copenhague, dos aeronaves motivaron la intervención de efectivos policiales y especialistas en desactivación de explosivos.
