Maricarmen podrá regresar a la vivienda de Retiro en la que residió durante más de siete décadas. Urbagestión y los representantes de la mujer han alcanzado finalmente un acuerdo con la mediación del Ayuntamiento de Madrid, después de meses de negociaciones fallidas, propuestas rechazadas y un enfrentamiento abierto entre la propiedad y el Sindicato de Inquilinas que terminó haciendo imposible cualquier entendimiento antes del desahucio.
El desenlace obliga también a mirar hacia atrás. Durante el conflicto, Urbagestión y el Sindicato mantuvieron posiciones prácticamente irreconciliables. La propiedad acusa directamente a la organización de inquilinos de haber obstaculizado las posibilidades de acuerdo anteriores y sostiene que estaba dispuesta a negociar una renta muy inferior al precio de mercado. El Sindicato ha defendido, por el contrario, que las condiciones planteadas por la empresa no garantizaban una solución asumible para Maricarmen. Esa responsabilidad sobre el fracaso de las negociaciones anteriores continúa siendo objeto de versiones enfrentadas.
El precio fue uno de los principales escollos. La propiedad situaba el valor de mercado del alquiler de la vivienda en el entorno de los 2.600 euros mensuales y asegura que llegó a plantear una reducción sustancial para facilitar la permanencia de Maricarmen. Durante el proceso se sucedieron distintas cifras y propuestas, pero ninguna consiguió entonces reunir el consentimiento de las partes.
También se puso encima de la mesa una posible compraventa. En las conversaciones apareció una oferta cercana a los 250.000 euros, además de una fórmula posterior relacionada con la adquisición de la vivienda a través de una cooperativa vinculada al entorno del Sindicato. Tampoco aquella posibilidad fue aceptada por Urbagestión, que rechazó desprenderse del inmueble en esas condiciones.
La falta de entendimiento desembocó finalmente en el desahucio de Maricarmen, de 87 años. Su salida de la vivienda en camilla provocó una enorme repercusión social y política y disparó la presión sobre todos los implicados. A partir de ahí se retomaron los contactos y el Ayuntamiento de Madrid asumió un papel de mediador entre posiciones que hasta ese momento habían resultado incompatibles.
Y esta vez sí hubo acuerdo. Sentados nuevamente alrededor de una mesa y con la intermediación municipal, se ha conseguido establecer una fórmula para que Maricarmen pueda regresar a su casa mediante un nuevo contrato de alquiler.
El caso termina así, a falta de culminar todos los trámites del acuerdo, con una fotografía bastante diferente a la que dejaron los últimos días: ni Urbagestión ni el Sindicato lograron alcanzar por sí solos el entendimiento antes del desahucio. Ha sido necesaria la mediación del Ayuntamiento para romper el bloqueo y conseguir finalmente el objetivo esencial: que Maricarmen vuelva a casa.
