La pérdida de unas 3.500 bolsas de plasma sanguíneo por incidencias en las cámaras frigoríficas del Banco de Sangre y Tejidos de Canarias ha desatado una fuerte polémica política y sanitaria en el Archipiélago. El incidente, conocido tras una pregunta parlamentaria, obligó a desechar cerca de 1.050 litros de plasma que habían sido obtenidos gracias a miles de donaciones realizadas por ciudadanos canarios.
La oposición ha denunciado la gravedad de los hechos al considerar que se trata de un material sanitario esencial cuya conservación está sometida a estrictos protocolos. Según las estimaciones trasladadas en la Cámara regional, el valor económico del plasma perdido podría superar varios millones de euros, además del perjuicio que supone desperdiciar el esfuerzo solidario de miles de donantes.
Desde la Consejería de Sanidad se ha defendido que la incidencia no ha afectado al abastecimiento de sangre ni a la atención sanitaria de los pacientes. El departamento que dirige Esther Monzón asegura que ya se han adoptado medidas para reforzar los sistemas de almacenamiento y evitar que una situación similar vuelva a producirse, incluyendo la adquisición de nuevos equipos de congelación.
La controversia llega en un momento especialmente delicado para la hemodonación en Canarias, donde las campañas de captación de donantes son permanentes para garantizar las reservas necesarias. Mientras tanto, el episodio ha abierto un intenso debate sobre el estado de las infraestructuras sanitarias y la gestión de un recurso tan valioso como el plasma, obtenido gracias a la solidaridad de la población y destinado a la elaboración de tratamientos y medicamentos esenciales.