Cuaderno de campaña 5: «PP y VOX, candidatura conjunta»

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La semana ha arrancado fuerte. El calendario va consumiendo fechas y conviene prestar atención a algo más que las declaraciones y las encuestas. Las campañas tienen una música, una temperatura, incluso una textura. A veces cambia antes el ambiente que los números. O cambia nuestra manera de mirarlos, que tampoco es exactamente lo mismo. Una modificación sustancial se asienta en el escenario electoral: a diferencia de lo que ocurrió en 2023, esta vez PP y Vox caminan juntos.

La futura mayoría. Las encuestas ofrecen una expectativa bastante asentada de una próxima mayoría absoluta en el Congreso formada por el PP y Vox. Aun así, entre sondeos, interpretaciones de sondeos y deseos presentados como análisis, ha empezado a instalarse la duda. No necesariamente sobre quién tiene más posibilidades de gobernar, pero sí sobre la facilidad con la que puede hacerlo. El favorito sigue teniendo ventaja; lo que parece haber perdido es la comodidad. Hay una diferencia respecto a 2023 que destaca particularmente. Entonces, el Partido Popular se esforzaba en obtener una victoria suficientemente amplia como para gobernar sin Vox. Feijóo buscaba una mayoría propia o una combinación de apoyos moderados que le permitiera llegar a la Moncloa sin entregar ministerios a la extrema derecha. Se podía discutir sobre la viabilidad de aquella pretensión, pero entonces esa era la oferta.

Hoy el planteamiento ha cambiado. Feijóo admite la posibilidad de una coalición con Abascal y ambos han reducido la confrontación entre sus partidos para concentrarse en el combate a Sánchez. Y la confirmación definitiva es el pacto de no agresión entre los dos partidos de derechas para las candidaturas al Senado. La incógnita se desplaza así desde la existencia misma del pacto hacia las condiciones en las que se negociaría. Como resultado, a efectos de percepción pública la derecha empieza a parecer una candidatura con dos nombres: Feijóo y Abascal. Uno para la presidencia y otro como aspirante a socio principal del futuro Gobierno. No hay una papeleta conjunta ni un reparto de cargos firmado, pero la expectativa de ese cuerdo influye ya en la campaña.

Esta realidad le facilita el trabajo al PSOE. Sánchez lleva años intentando que los ciudadanos vean al PP y a Vox como una misma oferta política. Ahora puede apoyarse en la disposición de ambos a gobernar juntos. Una alianza resulta más fácil de explicar cuando sus protagonistas dejan de discutir su posibilidad. Abascal, por su parte, tiene pocos motivos para sentirse incómodo. Puede presentarse como garantía de que el PP cumplirá lo que promete y pedir más votos para imponer sus condiciones. Le basta con reducir la distancia con el PP y aumentar su capacidad de exigencia. Si ambos van a entenderse después, el elector de derechas puede preguntarse a cuál de los dos conviene dar más fuerza. Y esa pregunta es bastante menos favorable para Núñez Feijóo.

CC y el efecto sándwich. En Canarias hay un tercer interlocutor que observa esta aproximación con una inquietud comprensible. Coalición Canaria necesita conservar el escaño de Cristina Valido por Santa Cruz de Tenerife y aspira a conseguir otro por Las Palmas mediante su alianza con Primero Canarias (lo tiene difícil). Para ello debe defender su espacio propio mientras el debate estatal empuja hacia la dinámica de bloques. El abrazo de sus aliados de la derecha puede convertirse en un problema si el elector acaba pensando que todo conduce al mismo sitio. De ahí los mensajes con los que los nacionalistas intentan marcar distancias con Vox. La política migratoria ofrece una diferencia sustancial. Para Canarias, lograr que el resto del Estado asuma una parte de la acogida constituye una necesidad. Para Vox, la oposición a esos mecanismos forma parte de su discurso político. No es una discrepancia secundaria que pueda resolverse de modo ambiguo en una investidura.

Marcar esa distancia respecto a la derecha española conlleva riesgos electorales para CC, dado que hay mucho electorado compartido ahí, pero probablemente sea indispensable para sostener una propuesta autónoma. Si el nacionalismo moderado quiere que se le reconozca una posición propia, necesita hacer visibles sus diferencias con la extrema derecha. Pero entonces es cuando aparece José Manuel Bermúdez.

El alcalde de Santa Cruz ha hecho coincidir esta precampaña con el lanzamiento formal de su candidatura para continuar al frente del Ayuntamiento. El viernes, en Radio Marca Tenerife, se presentó como el “único candidato capaz de ganarle al PSOE” en la ciudad. El mensaje tenía un destinatario bastante claro: el elector conservador que puede sentirse tentado por el PP o Vox. Fue sin duda una declaración buscada, deliberada. Bermúdez conoce su municipio y trata de retener a su electorado conservador ante una competencia que amenaza con crecer.

En ese contexto hay que situar también su defensa de la conservación del monumento a Franco en la capital. El alcalde ha alegado razones patrimoniales (sobrevenidas), pero sería ingenuo pensar que una posición así carece de significado político o de efectos electorales. Mientras unos dirigentes nacionalistas subrayan las incompatibilidades con Vox, Bermúdez refuerza su perfil como barrera frente al PSOE y sostiene posiciones capaces de atraer a una parte de ese mismo electorado conservador. Son dos maneras distintas de responder al crecimiento de la extrema derecha: hacer visibles las diferencias o disputar sus votantes mediante coincidencias en determinados asuntos.
Habrá que observar qué estrategia obtiene mejores resultados. Quedan 33 días para conocer una primera respuesta, y luego vendrán seis meses de campaña acelerada para la otra gran cita con las urnas de este curso.

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